Vicente Albornoz Guarderas

Radares y refinerías

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27 de May de 2012 00:02

En los primeros meses luego del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, el Gobierno buscó mantener una buena relación con todos los países del mundo. Después, decidieron que eran más altivos y soberanos si se peleaban con los Estados Unidos. Y les pasaron cosas similares a las que nos están pasando a nosotros.

En octubre de 1959, el Gobierno cubano nombró al Che Guevara como ministro de Industrias. Curiosa decisión eso de nombrar para ese cargo a un médico con experiencia militar, pero a esos señores, desde esa época, les encantaba reciclar gente. Recordemos que él había estudiado medicina y luego había combatido junto al ejército revolucionario.

El hecho es que lo pusieron al Che a manejar las industrias que estaban empezando a ser nacionalizadas en Cuba y, como era de esperarse, le fue bastante mal. Y fracasó porque tenía el modelo económico equivocado y porque no era la persona adecuada para manejar, entre otras cosas, las múltiples refinerías en Cuba que habían sido de distintas empresas norteamericanas.

El problema es que al expropiar las refinerías, disgustaron a los inversionistas que las habían administrado hasta ese momento y eso desató dos cosas: los norteamericanos bloquearon la exportación de petróleo a Cuba y las empresas cerraron la entrega de partes y repuestos para las refinerías.

Pero, como el Che era altivo y soberano, viajó a Moscú y logró convencer a los soviéticos que les vendan petróleo y que les provean de repuestos. Pero claro, él era un guerrillero que no tenía idea ni de industrias ni de petróleos. Por eso no pudo prever los terribles problemas que iba a tener con los repuestos soviéticos (milimetrados) en las refinerías construidas por los norteamericanos (en pulgadas), ni los problemas que implicaba poner crudo siberiano (de alto contenido de azufre) en refinerías diseñadas para crudo del Golfo de México (mucho menos ácido).

Toda esta historia me vino a la mente cuando leí una crónica de Roberto Aguilar sobre los radares chinos instalados en la Amazonía, en la que describe como los equipos (que quizás sean de buena calidad) no terminan de instalarse porque simplemente todo es muy distinto a lo que habíamos tenido antes. Ni los técnicos chinos hablan español o inglés ni nuestros militares hablan chino y todo el resto de la tecnología está "en chino" para nuestras Fuerzas Armadas. Aparentemente, la única ventaja de los radares es su precio.

Si tuviéramos buenas relaciones con los Estados Unidos, ellos hasta podrían habernos donado radares con técnicos que hablen español y con tecnología conocida, pero como somos altivos y soberanos estamos peleadísimos con esos perversos imperialistas y preferimos buscar a los soviéticos con sus repuestos milimetrados.