1 de May de 2010 00:00

Rabia e impotencia en Arizona

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Enfoque Internacional

Rabia, impotencia y temor se sienten en los múltiples escenarios afectados por una ley contra la inmigración aprobada por un estado de Estados Unidos: la SB 1070 de Arizona.

El territorio del Gran Cañón, en el sudoeste estadounidense, tiene en vigor desde el día 23 la norma SB 1070 (Senate Bill 1070), que considera delito la permanencia de extranjeros sin permiso y faculta a la policía estatal a detenerlos ante la “sospecha razonable” de que no tengan autorización de residencia.

La “sospecha razonable” en Arizona, gobernada por la republicana Jan Brewer, se configura fácilmente con una tez oscura y un aspecto latinoamericano.

El Gobierno de México tampoco sabe qué va a pasar. De hecho, lleva una década sin saberlo, a pesar de que hay al menos 10 millones de sus connacionales viviendo y trabajando en el país vecino, de los cuales 6,5 millones serían indocumentados, según estimaciones del estadounidense Departamento de Seguridad Interior.

“Vamos a actuar, estamos actuando y actuaremos más”, dijo el presidente mexicano Felipe Calderón, aunque no está claro cuáles fueron sus acciones ante la ofensiva legal de Arizona.

En su semanario Desde la Fe, la Iglesia Católica mexicana increpó especialmente a la Secretaría (ministerio) de Relaciones Exteriores por desentenderse de lo que pasaba en Arizona y reclamó “un trabajo más intenso y eficaz” para frenar los “atropellos” cometidos en el vecino país.

Al menos desde el 2000, cuando fue investido presidente Vicente Fox, México está colgado de promesas de un debate migratorio amplio y profundo con Washington. Mientras, se multiplicaron muros fronterizos, deportaciones, recortes de servicios sociales y políticas cada vez más restrictivas. Incluso si el Congreso legislativo de Estados Unidos discutiera este año una reforma migratoria, México no estaría libre de la peor pesadilla: que la legislación de Arizona marque una tónica nacional. El Presidente de México, Felipe Calderón tendrá una oportunidad de demostrar cómo piensa actuar cuando se reúna en mayo con su homólogo de Estados Unidos, Barack Obama.

También hay mucha gente pensando cómo actuar en Phoenix, capital de Arizona, pero para sobrevivir sin ser apresada y condenada.

Otros piensan simplemente en irse.

Más de 35 000 empresas de Arizona cuyos propietarios son latinoamericanos facturaron unos USD 4 300 millones y emplearon a 39 363 personas en el 2002, último año con datos disponibles, informa el American Immigration Council.

En Guatemala la indignación sube por las gargantas, y se organizan marchas y otras protestas.

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