Sebastián Mantilla

Quito, de mal en peor

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La capital de la República atraviesa por uno de los sus peores momentos. Podría decirse que acarrea un cúmulo de problemas en diversos ámbitos que la administración del alcalde Mauricio Rodas no ha podido resolver.

Uno de ellos tiene que ver con el transporte y la movilidad. Curiosamente en uno de los sectores en los cuales más ha invertido esta administración. Me refiero al proyecto del Metro de Quito y de Metro Cables (el cual no termina de cuajar).

Y los problemas van a continuar mientras se siga pensando que los proyectos en sí resuelven las cosas. Si no hay una visión y un enfoque integral, el cual vaya acompañado de políticas, estrategias y acciones concretas de corto, mediano y largo plazo, las complicaciones van a persistir.

En el caso de la ciudad de Quito, al igual que otras capitales de América Latina, han pasado de ser pequeñas localidades a grandes urbes. El número de su población ha crecido de manera significativa y, con ello, las necesidades de infraestructura y servicios públicos de calidad.

Esto se refleja en el ámbito de la movilidad y el transporte. No obstante, en lugar de mejorar, han empeorado. El estado de las vías en ciertas zonas es deplorable, propias de una ciudad de quinta categoría. La congestión vehicular se mantiene, haciendo que el tiempo de transportación de un lugar a otro se vuelva extenuante. La calidad del servicio del transporte público tiene serias falencias.

Sobre esto último, el 30 de junio terminó el subsidio que daba el Municipio de Quito a los transportistas bajo el nombre de “plan de mejoramiento de la calidad del transporte”. Lo cual, como es de suponer, lejos de mejorar la calidad sirvió únicamente para frenar un alza de los pasajes, represadas desde el 2003.

Con la finalidad de abordar este problema el Concejo Metropolitano del Municipio de Quito está por aprobar una ordenanza. Una ordenanza que, en lugar de abordar los temas de fondo de la movilidad y transporte, lleva a la final a un alza de la tarifa de transporte público.

Sin embargo, no hay votos para aprobarla. Sin temor a equivocarme, a la mayoría no les interesa resolver los problemas de fondo de la ciudad. Les preocupa que un alza en los pasajes les quite votos para las elecciones seccionales del 2019. Mauricio Rodas quiere reelegirse (habría que ver si llega o se queda en el camino). Alianza País quiere recuperar la alcaldía. Los ahora independientes tampoco quieren hacerle el juego al uno o al otro. Resultado: empantanamiento, desgobierno… Todo lo que se les pueda imaginar.

Y pese a que puede ser necesaria un alza en las tarifas de transporte, ya que la actual situación podría llevar a la desinversión y, al final, a empeorar la calidad del servicio, debe primar una decisión técnica. No política. Es realmente preocupante quese postergue la aprobación deesta ordenanza, lista desde el 9 de noviembre de 2016.

Sí, efectivamente vamos de mal en peor.