Jorge Ribadeneira

Así nació la fiesta quiteña

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La invitación del quiteñísimo vespertino Últimas Noticias fue para que los habitantes de la ciudad, incluyendo los chagras, intervengan en una serenata el sábado 5 de diciembre de 1959, como un homenaje a la capital y a la música ecuatoriana. La respuesta fue entusiasta y en 1960 se repitió la jornada. El lanzamiento pleno de la fiesta fue en 1961, cuando el popular dúo Benítez y Valencia cantó albazos y pasacalles en la Plaza Grande, desde el atrio de la Catedral.

Al son de los populares cantantes -Gonzalo Benítez y Luis Alberto Valencia- se armó el baile y en 1962 la invitación fue a la “fiesta quiteña”, ya no a la serenata, encontrando respuesta no solo en los chullas sino hasta en la buena voluntad del Presidente de la República, que si bien no bailó un cachullapi sí se sirvió un traguito en el corredor de Carondelet, aplaudido por los ciudadanos presentes, con más de un grito “Viva Carlos Julio”. Claro, era un Arosemena Monroy.

¿Por qué la respuesta al llamamiento de Últimas Noticias fue tan entusiasta? La respuesta de los chullas y de uno que otro provinciano fue: “porque Quito no tenía una fiesta bailable, pues”. Claro: el 24 de mayo se celebraba con una parada militar y el 6 de diciembre con una somnolienta sesión solemne del Cabildo quiteño. Mientras tanto, otras ciudades y hasta muchos pueblos se daban gusto bailando y festejando, sin saber que despertaban la envidia de los quiteños y hasta de los chagras residentes en la ciudad ‘Carita de Dios’.

Luego de ese nacimiento, la fiesta quiteña se le fue de la mano a Últimas Noticias. El baile se fue abriendo paso, siempre impulsado por la música nacional y la celebración fue cada año más grande y siempre entusiasta. Con la circunstancia de que tanto los quiteños como sus amigos chagras no tenían miedo de farrear en las calles.

Claro, pues, Quito era una ciudad tranquila y se podía caminar en las noches por el Centro Histórico y sus alrededores sin que aparezca un asaltante. La realidad era que solo funcionaban los “pungas” como el ‘Águila Quiteña’, un especialista en bolsiquear al prójimo pero juraba que nunca en su vida fue un criminal ni mucho menos. Por añadidura, el vespertino, como creador de la fiesta, se encargaba de publicar unas notas: “Señores punguistas.

Se les pide muy atentamente que durante la fiesta quiteña se abstengan de “trabajar” porque serán severamente castigados si se dedican al robo”. Un año se produjo un reparto de licor y también la respuesta fue una campaña periodística y policial bajo el lema “alegría sí, trago no”.

La fiesta -que hoy está a cargo del Municipio- surgió durante una reunión para jugar “cuarenta” entre los cantantes Benítez y Valencia y los periodistas César Larrea, de Últimas Noticias, y Luis Banderas, de EL COMERCIO. La sugerencia fue invitar al público para una serenata con música nacional. Cesar Larrea, jefe del vespertino, fue el ejecutor y en eso llegó a Últimas Noticias el autor de esta nota, que redactó algunas alegres invitaciones. Esa es la pequeña historia de las primeras “fiestas quiteñas”. Ni más ni menos.

jribadeneira@elcomerio.org