Opinión

El quiteño libre

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Enrique Ayala Mora
4 de February de 2011 00:00

En los primeros años de la vida republicana del Ecuador, la oposición contra el presidente Juan José Flores fue creciendo. En Quito se reunía un grupo de jóvenes oposicionistas, congregados alrededor del coronel Francisco Hall, un militar británico discípulo de Jeremy Bhentam que vino a América a participar en las guerras de independencia. Era un demócrata radical. Había sido adversario de la dictadura de Bolívar y cuando llegó a Quito terminó de enemigo político de Flores.

Hall y su círculo fundaron la Sociedad El Quiteño Libre, que se instaló a mediados de abril de 1833. El general Sáenz fue nombrado presidente y José Miguel Murgueytio, secretario. Componían además la sociedad, entre otros, Manuel Matheu, Ignacio Zaldumbide, Roberto Ascázubi, Manuel Ontaneda, los coroneles Wright y Hall, y Pedro Moncayo, designado editor del periódico que la institución publicó con su mismo nombre.

El primer número de El Quiteño Libre apareció el 12 de mayo de 1833. Desde el inicio su orientación fue abiertamente oposicionista. Iba a “defender las leyes, los derechos y libertades del país, a denunciar toda especie de arbitrariedad, dilapidación y pillaje de la hacienda pública; a confirmar y generalizar la opinión en cuanto a los verdaderos intereses de la nación; y a defender a los oprimidos y a atacar a los opresores”. Uno de los temas favoritos era la denuncia de inmoralidades cometidas por Flores con los fondos públicos.

Flores financió varios órganos de prensa que lo respaldaban como Gaceta del Ecuador, El Amigo del Orden, Armas de la Razón, El Nueve de Octubre, El Trece de Febrero y El Investigador; las cuales trataron a los redactores de El Quiteño Libre de perturbadores del orden, ambiciosos, inconsecuentes, ociosos. Pero la defensa sobre el despilfarro de las rentas públicas no fue satisfactoria.

Se entabló de esta manera la primera batalla periodística de nuestra historia, que fue dura, fundamentalmente por el prestigio y la rigidez de los redactores de El Quiteño Libre. Flores gastó muchos recursos y empleó a fondo su sagacidad y don de gentes para combatir a sus adversarios, pero su prestigio comenzó a desmoronarse. En las elecciones de junio de 1833, el Gobierno fue derrotado, resultando elegidos diputados algunos adversarios, entre ellos, Vicente Rocafuerte, que acababa de llegar al país.

Reunido el Congreso el 10 de septiembre, el Gobierno pidió facultades extraordinarias ya que, según afirmaba, la paz pública estaba amenazada por una inminente revolución. Luego de un debate parlamentario acalorado, las facultades extraordinarias fueron concedidas. De este modo, el presidente Flores consiguió poder suficiente para reprimir a la oposición y su órgano de prensa, lo que sucedería en unos días, con uno de los más feroces crímenes políticos de la historia.