Juan E. Guarderas

Como un quiño al hígado

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2 de May de 2014 00:00

Ni un golpe, apenas un tirón de orejas, un "slap on the wrist", así se han descrito las nuevas sanciones impuestas a Rusia. El 17 de abril Rusia, Ucrania, EEUU y la UE llegaron a un acuerdo con el objetivo de calmar las tensiones. Pero los occidentales acusan a Moscú de no respetar el acuerdo y sospechan que los soviéticos están detrás de las milicias pro rusas que han aparecido en el este de Ucrania (responsables del caos de las últimas semanas) que "mágicamente" se armaron hasta los dientes; por lo que han impuesto una nueva ronda de sanciones.

Los castigos dados antes de la anexión de Crimea fueron tan débiles - casi anecdóticos - que Rusia se hizo con ese territorio sin titubear. No fue difícil pronosticar que las nuevas sanciones no serían excepcionales al ver los americanos y europeos afanados en proteger sus empresas que tengan negocios rusos, bajo la presión de los lobbyists, y con poco interés en ceder operaciones a otros países. Sin contendientes dando golpes fuertes, Putin tendría nuevas oportunidades en Ucrania.

Pero no hay que olvidar un actor clave; al final los golpes económicos existen, no con los tibios tirones de los gobiernos sino con los puñetazos de los mercados. La estrategia de EEUU y la UE parece ser dejar que estos hagan el trabajo sucio: la salida de capitales ha sido masiva. El pequeño crecimiento ruso - previsto en apenas 0,5% para este año - no soportaría esta huida ni las tibias sanciones públicas y caería en una recesión.

Al analizar el posible escenario de agudas tensiones económicas, sin duda los occidentales tienen una posición menos frágil. Pero eso no significa necesariamente que aguantarían más, hasta forzar la renuncia del adversario. La población y empresas americanas y europeas tienen mayor eco en sus gobiernos, y sus desventuras tienen mayor capacidad de cambiar políticas públicas; no así los rusos. Con el empecinamiento del Gobierno, la población tendría que aguantarse medidas formidables, sin que sus quejas tengan muchas esperanzas de ser escuchadas. Es lo que tiene la democracia, que no hay como someter a la población a grandes suplicios.

Se activó el aparato de propaganda. Con el eslogan "Sin el occidente Rusia será más fuerte" se anima el estoicismo nacional y "hábilmente" se describe este conflicto como una bendición para que el país se esfuerce en dejar su dependencia a la moneda extranjera (la exportación de hidrocarburos se encuentra en dólares y 50% del presupuesto depende de esta) y a las importaciones (70% de los productos consumidos). Incluso varios miembros del Parlamento propusieron la prohibición del dólar. El dolor económico ya se siente, para empezar Medvedev puede olvidarse de su sueño de hacer de Moscú un "centro financiero internacional."