Milton Luna

Queda el cascarón

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13 de April de 2013 00:03

Es lugar común escuchar en todos los foros sobre la centralidad del docente en el hecho educativo. Sin duda que sin buenas maestras y maestros el cambio educativo es muy difícil. Sin embargo, este aserto sin medidas que lo concreten no sirve de nada y de tanto ser repetido como discurso ha perdido fuerza académica, política y social. Es una consigna más que se la dice de memoria sin mayor reflexión ni compromiso. Hay un evidente vaciamiento de la mentada importancia de tal suerte que sólo queda el cascarón que solo hace ruido al caer.

Durante décadas todos los actores involucrados en la educación hemos mal tratado el tema docente. Desde las sucesivas autoridades educativas hasta el gremio, pasando por los padres y madres de familia, la universidad, los institutos de formación y los medios no lo hemos enfrentado con suficiente profundidad, integralidad y seriedad. Es más, los mismos maestros no se han apropiado de su profesión y su destino.

Hizo mal la victimización de la situación docente. Durante lustros el permanente conflicto y salarización de la lucha docente afectó a su prestigio social. Los procesos de evaluación mal conducidos por autoridades noveleras y poco atinadas terminaron por hundir la imagen de los profesores fiscales. Jubilar obligadamente a los profesores universitarios nacionales y simultáneamente importar del extranjero maestros jubilados hace un flaco favor a la autoestima del docente local.

También ha afectado focalizar en la escuela y en los docentes toda la responsabilidad de la educación y de otros problemas de la sociedad y del Estado. La escasa investigación educativa, la mirada corta de los "expertos" y líderes educativos sobre el entorno social, nacional y planetario respecto de los nuevos roles de la educación y de los docentes y la contracción de espacios de debate han servido de telón de fondo para la recreación de un discurso repetitivo y epidérmico sobre la docencia y la educación .

En los últimos años, el Estado ha promovido políticas para encarar el problema docente. Algunas son relevantes, pero no suficientes frente a la complejidad del fenómeno. Está pendiente, sobre todo, una mirada integral y sistémica y una decisión de involucrar a los propios docentes en la solución de sus problemas.

A estas alturas "resolver" la crisis docente no pasa solo por más formación y capacitación, pasa también por establecer los nexos de la profesión y del ejercicio docente con todos los factores y actores del hecho educativo y con el entorno social y político. Revalorizar social, económica y políticamente la profesión docente y reclutar a los mejores talentos de las nuevas generaciones son metas urgentes .

Pero lo más importante es que los mismos maestros y maestras impulsen desde las aulas un movimiento pedagógico y social de cambio educativo.