Jorge Ribadeneira

El Qatar del Chucho

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4 de August de 2013 00:01

Pues ¿y cómo mismo es -¡qué curiosidad!- ese país, Qatar, que tanto ha sonado en el Ecuador durante estos últimos días, por ser el escenario del triste fallecimiento del número 11 de la Tri, el Chucho Benítez? Vamos a revisar el caso. La primera descripción que tenemos ante nuestros ojos dice de frente que es "el país más rico del mundo". Nada menos. Luego anuncia -algo sabíamos- que será la sede del Campeonato Mundial de Fútbol del año 2022 y que se dispone a invertir tranquilamente unos 200 000 millones de dólares para que el evento sea todo un éxito.

Qatar es un pequeño país árabe de apenas 11 586 kilómetros cuadrados en los que habitan dos millones de ciudadanos. El ingreso per cápita llega a los 100 000 dólares (Ecuador 7 600, según el almanaque mundial 2013).

"Es el país del lujo y la modernidad" dice un catálogo. "Quiere ser un país famoso, el centro del mundo", añade. Tanto es así que ganó la sede del Mundial de Fútbol compitiendo con rivales de la talla de Estados Unidos, Australia, Japón y Corea del Sur. Fue una gran sorpresa y corrieron rumores de que había funcionado el "money" en más de una votación. ¿Cómo así tanto dinero y derroche? Porque desde 1938 exporta petróleo y sobre todo gas al por mayor. Por trillones. Hasta 1971 mandó allí el Reino Unido y hoy es una monarquía absoluta, con lo bueno, lo malo y lo feo que entraña. El mandamás será dentro de poco el joven jeque Tamín (33 años) un supermillonario aficionado los goles y a occidente. Él y su padre se propusieron que Qatar sea el primer país árabe que organice un torneo mundial de fútbol. Van avanzando por ese camino. La capital es Toha, una hermosa ciudad de un país dispuesto a mostrar al mundo su poder, sus modernos rascacielos, sus carreras de camellos, sus mercados y, por supuesto, sus incontables millones.

Allá fue a dar, hace una veintena de días, Crhistian Benítez, adquirido por el club El Jaish por 15 millones de dólares, luego de despedirse del América de México. Otro ecuatoriano, Carlos Tenorio, jugó antes en Qatar durante tres años. Los dos vieron -cada cual en su tiempo- un país singular, nadando en plata y esperando sus goles.

El domingo por la noche, el Chucho sufrió un intenso dolor de estómago y salió con su Liseth en pos del mejor hospital. Lo que sucedió allí tiene ya sus primeras versiones, entre ellas un problema cardiaco y pulmonar que no era detectable y le causó la muerte. Pero todavía hay voces que preguntan y otras que discrepan. Lo cierto es que la conmoción fue mayor. Pocas veces -¿o nunca?- en Quito se vio una reacción semejante. Una velación, un homenaje y un sepelio tan gigantes y sinceros. Se unieron varios factores, entre ellos la sorpresa por el desenlace, la personalidad futbolística y humana, la sencillez, entrega, y superación del protagonista. Y una vez más se puso de manifiesto la transitoriedad de la vida.