Publicar o perecer

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Fander Falconí

Columnista invitado

Aunquela chanza popular diga que PhD significa “Pasa las Horas Durmiendo”, en la vida real un académico pasa las horas investigando y escribiendo.

La investigación le permite dictar clases actualizadas y de calidad. A imagen y semejanza de sus antecesores atenienses, él alimenta el equivalente moderno de la biblioteca de Alejandría: la red mundial de bibliotecas académicas en Internet (hasta existen varias organizaciones de ellas, donde están registradas varias bibliotecas del mundo).

Los catedráticos y los investigadores universitarios publican los llamados artículos indexados en revistas científicas, los cuales son revisados por evaluadores expertos de cada disciplina (‘peer review’). El artículo indexado es la norma de control de calidad para la comunidad académica. Por esta razón, la publicación en revistas de alto impacto mundial tarda tanto tiempo, pues, se supone, pasa por rigurosos filtros por parte de aquellos que están en la frontera de cada campo del conocimiento.

¿Cuáles países publican más artículos en revistas científicas y técnicas en el mundo? La Unión Europea con 31,7% (en los campos de física, biología, química, matemática, medicina clínica, investigación biomédica, ingeniería y tecnología, y ciencias de la tierra y el espacio), según la base de datos del World Development Indicators del Banco Mundial. Después de la Unión Europea, siguen Estados Unidos (26,5 %), China (9,4 %) y Japón (6,3 %). América Latina y el Caribe publican el 3% del mundo. Ecuador publica el 0,03% de lo que publica los Estados Unidos y no nos asusta el número, sino la poca importancia que damos a este indicador de calidad académica, con pretextos ideológicos (a pesar de haber revistas de diversas ideologías en los distintos campos de especialización).

Claro que son las universidades, los institutos públicos y privados y la empresa privada los llamados a generar las condiciones adecuadas para la investigación (tiempo disponible para los investigadores, recursos presupuestarios –ya definidos por Ley-, sueldos competitivos, incentivos, condiciones laborales adecuadas, equipamiento e infraestructura para los laboratorios, acceso a bibliotecas virtuales, integración a redes nacionales e internacionales de conocimiento, etc.), pero los catedráticos deben publicar (sean doctores o maestros) y no acudir al muro de los lamentos, donde está escrito “somos chiquitos”.

De ninguna manera, esto implica menospreciar otro tipo de conocimiento que no se expresa en las publicaciones de revistas indexadas. Por ejemplo, América Latina, en particular nuestro país, ha tenido grandes ensayistas en las ciencias sociales. Dos de los mejores ensayistas hispanoamericanos nacieron en países considerados “chicos” (¡no hay países chicos!): Rodó en Uruguay y Montalvo en Ecuador.

Es hora de empezar a escribir y a debatir con argumentos, sean ensayos o artículos científicos, en vez de ensayar excusas.