Diego Araujo Sánchez

Prueba de fuego tras consulta

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Los resultados de la consulta confirman el entierro electoral de Rafael Correa en sus ambiciones de retornar a la Presidencia en 2021. Eliminar la reelección indefinida separa al Ecuador de la tendencia política que, por procedimientos amañados, promovieron en los últimos años los Chávez, Ortegas y Morales para mantenerse de forma ilimitada en la Presidencia; y que en el pasado fueron prácticas entronizadas por dictadores y caudillos autoritarios de izquierda y de derecha en América Latina.

Esa mala caricatura de democracia con la reelección sin límites en regímenes presidencialistas se incorporó al sistema constitucional ecuatoriano por un tramposo paquetazo de enmiendas aprobado por 100 asambleístas ovejunos en diciembre de 2015. El último domingo, un 64.3 % del total de votantes, según el conteo rápido actualizado hasta cuando escribo este artículo, rechazó la enmienda de 2015 y aprobó la reelección por una sola vez, es decir, dio el puntillazo final al proyecto de perpetuarse en el poder del expresidente Correa y abrió las puertas para la recuperación de la alternabilidad democrática.

Se debe reconocer el mérito de Lenin Moreno al haber cortado la dependencia política con su antecesor y contribuir al entierro electoral de este. La mayoritaria votación por el “Sí” genera amplias expectativas sobre los cambios que incorporará el presidente de hoy en adelante. Una de las razones por las que Moreno se ha mostrado opuesto a la reelección indefinida es la constatación de que esa perniciosa aberración política induce a los dignatarios a subordinar sus decisiones de gobierno más a aquello que les conviene para las futuras elecciones que a los intereses del país.

Desde cuando comenzó a ejercer la presidencia, Correa advirtió que se mantendría en permanente campaña. Y así lo hizo durante una década, con el apoyo de un exorbitante gasto en publicidad y la maquinaria gubernamental. No es de admirarse, pues, que aún mantenga un voto duro en las redes clientelares, entre sus partidarios fanáticos o los cercanos que se beneficiaron de las prebendas del poder. No obstante, el final del correísmo es inevitable. Y no solo por los resultados del domingo. El derrumbe se aceleró por los escándalos de corrupción, las mentiras, los sobreprecios en la contratación pública y el deplorable manejo de la economía denunciados por el mismo presidente Moreno.

La prueba de fuego después de la consulta será la integración del Consejo de Participación Ciudadana transitorio: de la credibilidad e independencia de ese organismo y su capacidad para desmontar los círculos correístas incrustados aún en el poder y para ayudar a que se cumpla la cirugía mayor contra la corrupción dependerá que se vislumbre un profundo cambio o que solo tengamos más de lo mismo.

daraujo@elcomercio.org