Farith Simon

Protestas y ‘golpe blando’

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@farithsimon

Descalificado el emisor y su mensaje, se vuelve innecesario procesar sus demandas, reclamos, deseos, dudas o muestras de descontento.

Bastó una declaración del Presidente de la República desde Bruselas, donde asistió a la Cumbre Celac-UE, para que se desvaneciera la ilusión de abrir un espacio de diálogo político para procesar las discrepancias ciudadanas frente a las medidas fiscales y económicas (salvaguardias, nueva tabla de impuestos a las herencias y plusvalía), así como el rechazo a una forma autoritaria de gobernar, a la acumulación de poder y la sensación de desprotección jurídica frente a ese poder; y a la –prácticamente- inexistente fiscalización y control del gasto público. Para el Presidente, las personas que participan en las manifestaciones de rechazo al régimen lo hacen manipuladas por quienes defienden intereses económicos y privilegios; se dice entonces que se suman a una conspiración, por eso no se les otorga legitimidad ni razón alguna, se los invalida inmediatamente como posibles interlocutores.

La construcción del ‘otro’ como ‘enemigo’ elimina cualquier posibilidad de diálogo y de construcción de un ‘nosotros’. Desde sectores de la oposición se ha hecho lo mismo; se presenta a todos los partidarios del régimen como un conjunto de interesados, quienes salen a manifestarse en apoyo al régimen por obligación, bajo la amenaza de perder el trabajo o en defensa de un cargo o contrato.

Esta idea maniquea del ‘bueno’ y el ‘malo’, que ha sido una constante en estos años, contribuye a la polarización de la sociedad, desdibujando el debate –necesario- en asuntos de interés público. Especialmente peligrosa es la construcción de versiones “oficiales” de los hechos y de las acciones, que se transmiten en las ‘cadenas nacionales’, que luego se repiten en los noticieros de los medios oficiales, en las declaraciones de los cuadros políticos y de funcionarios públicos. Por eso, cuando se acusa a los manifestantes de formar parte de un ‘golpe blando’ promovido por las ‘fuerzas de derecha’ que buscan la ‘restauración conservadora’, todos los inconformes con el régimen se hallan en riesgo.

El oficialismo quiere instalar la idea de que enfrenta a una conspiración de escala ‘global’, no a un descontento social expresado en las calles. Todos quienes se manifiestan son instrumentos de esa derecha nacional e internacional, parte de una estrategia -descrita por el Presidente de la República- como globalizada, la que incluiría: manipulación de la información, exageración de los problemas, minimización de los logros, ‘calentando las calles’ con las manifestaciones, financiando a violentos; todos esto con apoyo de fundaciones internacionales que son ‘políticos fracasados’ y con una institucionalidad regional y mundial, en donde la Comisión Interamericana de Derechos Humanos es descrita como ‘feroz enemiga de los gobiernos progresistas’.

Esta interpretación de las recientes protestas se convierte en una muy seria amenaza para los derechos, esta idea de la conspiración y del ‘golpe blando’ puede usarse para reprimir, y no solo para descalificar al ‘otro’, al que piensa diferente.