Jorge León

Protesta: vía del poder y la popular

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jleon@elcomercio.org

El Gobierno quiso medir fuerzas con los contestatarios y perdió otra vez. La marcha indígena y el paro fueron un éxito. Se sumaron otros actos de protesta como el de las organizaciones políticas de derecha en Guayaquil y otros grupos de agremiados (médicos, jubilados..) o miles de personas y defensores de alguna causa social, en varias ciudades.

Se contrastan dos vías de acción en la protesta. La gubernamental que busca impedir que la protesta prospere, deslegitima a sus organizadores y crea obstáculos o represión para que se exprese. En esta vez, dio realce a los divididos o facciones de organizaciones afines del Gobierno, lo que revela su práctica de dividir. Luego, afirma que los contestatarios “son unos pocos”, “nadie les hace caso”. Al límite no hay protesta; negación de los hechos. Ante el éxito de la protesta, invoca al diálogo para hablar sobre lo que antes era intocable, pero sin derecho al valor de la palabra del otro. Un no sentido. Ahora, considera posible que haya cambios en sus propuestas.

En prueba que no cede ante la protesta, el Legislativo y sus ministros manifiestan que trabajan y dialogan con los “positivos”, sus organizaciones aliadas. Negación de los diferentes. Ante su debilidad para movilizar personas, realiza vigilias y festivales en los que el Presidente sobresalga; revela pérdida de convocatoria.

Y siguen perdiendo el sentido de la realidad, no quieren ver los hechos, ni menos aceptar a los que se oponen desde el ámbito popular; con los empresarios es otra cosa, son ya sus interlocutores principales y exitosos.

Demuestra así carencia de sentido de sociedad, en que lo principal debe ser el tipo de sociedad que ahora se forma. No piensa en actores sociales, en los agentes que hacen la sociedad, privilegia la maquinaria de decidir y la fe en el líder. Tener como interlocutores a los oponentes debería ser una meta.

La protesta se agiganta con nuevos participantes y otras causas. Es un torbellino inconveniente para el Gobierno. Debería salir de ello. Podría encontrar un bloqueo de procedimientos parlamentarios para que sus enmiendas constitucionales desaparezcan.

La vía popular, en cambio, confía únicamente en la protesta, se justifica en que hubo injusticia y hay frustración porque lo que se esperaba no fue, al contrario hubo pérdida de derechos y proyectos. Ahora suma fuerzas.

Pero no tener nada más entre el poder y la calle, puede agotar la contestación. Por ahora es su éxito y también puede ser su debilidad.

Los contestatarios, seguros de sumar otros, quieren lograr más. De la idea de centrar sus demandas en dos o tres temas clave (enmiendas constitucionales…), aumentan reivindicaciones lo que hace perder la aceptación pública.

Para que la protesta sea exitosa, ahora o mañana, debería mantener sus demandas en puntos precisos y cuando tenga éxito poder mostrar el valor de la protesta.