Jorge León

Una protesta de clase media

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Los organizadores iniciales, FUT y Conaie, fueron rebasados en la marcha de protesta del 19 de marzo en Quito y varias ciudades del Ecuador, contra políticas del gobierno. En Quito, por más de dos horas y media, una masa compacta que llenaba las calles y las aceras, marchó bajo la lluvia y el frío.

Los primeros caminantes fueron los sindicatos. Parte de ellos, por el aguacero, abandonaron la calle o en acelerada marcha llegaban a la Plaza de San Francisco y se retiraban. Pero lo que parecía ser el fin no lo fue, pues, a medida que el agua amainaba y ya era la hora de salida de los trabajos, el final de la marcha terminaba siendo la “mitad” de una columna que aún en la noche traía contestatarios con voluntad de hacer suya la calle. Como en ciertas marchas del pasado, se construyó así la comunidad de sentirse parte de una misma voluntad de expresar algo, de ser actores de un gesto que pretendía saltar alguna barrera invisible de lo prohibido y de desafiar al poder.

La protesta social es frecuentemente imprecisa en sus causas, pesa más esta voluntad de expresar el descontento y de desafiar a algún orden.

No hubo el predominio de una consigna, cada grupo tenía su causa, sea contra ciertos aspectos de la política económica, la creciente desprotección al trabajador o las conservadoras ideas sobre la familia y la sexualidad o más simplemente la pérdida de las pensionesjubilares. Las “salvaguardias”, que si bien pueden ser positivas para la industria nacional, suscitaron descontento por su impacto inflacionario.

Los nuevos caminantes de clase media, clase media alta, acabaron por integrarse en un simple grito contra Correa y al reiterar el grito convocaban a más contestatarios y se ratificaban en su rechazo. Es parte de esos rituales de masa cuando la protesta se vuelve exitosa y adquiere legitimidad. No abandonaron la Plaza de inmediato, querían estar juntos, y lo hicieron hasta la noche, aunque la pobre tarima de los sindicatos no atraía, “alguien” cortó la electricidad. Muchos regresaron en marcha al punto de salida, expresando con ahínco solo la consigna antigubernamental; expresaban así esta comunidad del gesto de protesta recién adquirido y que no querían perderlo.

Manifestaciones similares hubo en respuesta a las medidas de “ajuste” con Hurtado o aquella contra Gutiérrez, que volvió aceptable el rechazo a su gobierno. Probablemente, la mayoría de los contestatarios fueron hace poco promotores o defensores del candidato Correa o de su gobierno. Ahora, unos afirmaban una ruptura afectiva; otros criticaban ciertas políticas. La escena de la protesta callejera así muestra cambios en las adhesiones políticas de ciertos sectores sociales,como nuevos problemas y conflictos que ya no pueden ser controlados por el Gobierno y ahora se expresan y se vuelven nuevo nexo de integración de actitudes e ideascontestatarias.

jleon@elcomercio.org