María Cárdenas R.

¿A propósito o por contagio?

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No puedo creer, no es lógico, que una persona, cualquiera sea su posición, peor si se considera líder de un ámbito pequeño o grande, pueda, en su sana mente, dedicarse a decir tanta palabrería inútil o falta de sentido, además, destructiva, inquietante y que hace que quienes lo rodean se pregunten si el mundo se ha vuelto loco. ¿Qué hacer?

No queda sino preguntarse, responderse; preguntar y escuchar respuestas. Leer y re leer en la búsqueda de mal entendidos o falsas y engañosas frases que podrían suponer un código no legible para todos. Escuchar y volver a escuchar, asegurarse que no hay fallas de significado. Recorrer calles conversando con todos para ver si alguien entiende algo y puede explicar. ¿Locura ajena o locura propia?

La palabrería se extendió por la región como por contagio, pero la enfermedad se está curando poco a poco y se va dejando atrás ideologías que, de revolucionarias no tienen más que los títulos. El fondo ha sido divisor, destructor, confuso y, por ende, quiebra no sólo espíritus sino países enteros que se han confiado a ciegas a propagandas que presentan paraísos que, como oasis en un desierto, desaparecen mientras más uno se acerca. Se ha matado la esperanza de un solo machetazo. ¿Espejismo o realidad?
Se leen los tweets de importantes o, que así se creen, porque desempeñan trabajos encargados por los mandantes. Dicen cosas y creen que sus palabras son ley o inclusive realidad, saltando procesos como si fueran charcos, sin importar si los líos que se arman, ellos mismos, tienen repercusión a nivel nacional o internacional. Grandes, prepotentes, dueños del universo, la ley y todo lo demás, se bambolean vanidosos. Pasean con sirenitas confundiendo a todos, ¿no que sólo los vehículos de emergencia deben recibir paso? Pero la seguridad está súper segura, no hay ni robos, ni secuestros y ni hablar de disparos.

Las mujeres de la revolución son más machistas que el más macho. El resto de mujeres tienen la culpa, sea porque jalan dedo, usan falda corta o se comportan así o asado.
¡Qué preocupación tan seria! Toda la meritocracia, se demuestra a diario, economistas excelentes que no nos llevan a baches, diplomáticos que no aceptan carísimos refugiados, especialistas en aerolíneas que no las llevan a la quiebra, especialistas en turismo que multiplican el turismo de maneras excepcionales, genios de la seguridad que acusan volando y hacen que hasta las víctimas parezcan culpables, expertos en buen vivir que casi no le cuestan al pueblo que no vive tan bien. ¿Qué bonito panorama, no?

¿Imaginación o realidad?¿Parecido entre muchos líderes, hombres, mujeres, territorios? ¿Existe ya la clonación humana? Lo que sí sé es, que de los tropiezos uno aprende, no los repite. Ante problemas financieros uno recorta no continúa como robots camino al filo hasta dar el paso en el vacío y entonces darse cuenta… ¿Es esta colección de insensateces, a propósito o por contagio?

mcardenas@elcomercio.org