Milagros Aguirre

En territorio

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Entre las expresiones que hoy pronuncian los funcionarios hay una que muestra que lo suyo es estar firmemente parados sobre las nubes, allá, arriba, a veces demasiado lejos de la vida real.

Desde ahí actúan y toman decisiones. Desde ahí planifican. Y llevan a cabo grandes programas. De no estar en las nubes, ¿por qué dirían con tanto aplomo y regocijo verdadero la expresión en territorio como si las cosas se hicieran en otro lugar, en la estratósfera, quizá?

La verdad es que “en territorio” luego de hacer POAS, PyODT, matrices, marcos lógicos, decretos, leyes, formatos y demás, algo no cuadra en la realidad, en el terreno, cuando se pisa la tierra y a veces, el lodo.

Cuando se aterriza “al territorio” se ve que 70 camas en un hospital no son suficientes para una población que sobrepasa las 100 000 personas y que ha crecido más de la cuenta en pocos años.

Cuando se trabaja “en territorio” resulta que hay niños que allí caminan ahora dos horas para llegar al cole (es decir, se levantan de la cama a las cuatro de la mañana) porque ya no tienen escuela en la comunidad sino una del milenio, bien lejos de casa.

En territorio, algún sabido (porque los hay) decidió arrendarle a la compañía petrolera la flamante unidad educativa como campamento, pues era demasiada aula para tan poco niño y tan poco profesor mientras que en territorio cabían perfectamente en una aula de las antiguas, todos los niños de la comuna.

En territorio llega una señora al parque y le espeta a otro un sonoro “longo igualado, de aquí has de ser” con total desprecio, el mismo día en el que ‘Bonil’ enfrenta una surrealista y absurda acusación de discriminación.

En territorio suben los precios de las cosas sin que nadie se sorprenda y en territorio todo se vende, así sea el más sagrado patrimonio, aunque las leyes sean castas y puras y no lo permitan.

En territorio, las empresas están que despiden a sus trabajadores hasta que el negocio petrolero se recomponga. Y esos trabajadores despedidos están ahora endeudados, con el agua hasta el cogote.

En territorio, la gente se burla, hace chistes, se mofa e insulta, a pesar de la Supercom y Cordicom y demás vigilantes y a pesar de las susceptibilidades de los infalibles servidores públicos.

Cuando los funcionarios socializan (otro verbo de moda en la jerga oficial) algún tema en territorio (al que acuden rara vez y, por cierto, con viáticos) y la gente les dice sí, sí, sí (aunque piense todo lo contrario). Por eso, si les socializan casas, les hacen casas, aunque lo último que en realidad necesiten, sean casas.

En territorio ocurren cosas impensadas, que se salen de cualquier programación. Y lo del funcionariado no parece ser en territorio sino en la esfera de la propaganda, allí, donde todo es paisaje. O la estratósfera. O en algún lugar alejado del terreno, o sea, en donde las papas queman.