26 de June de 2010 00:00

Prohibido... prohibir

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Milton Luna Tamayo

No se necesita que Santiago Pérez corra una encuesta para saber que muy posiblemente la popularidad del Presidente bajará en estas semanas debido a la prohibición de ingerir alcohol en el mes más futbolizado de los últimos cuatro años, en los días en que la práctica festiva de los estadios inevitablemente se traslada a los hogares: ¿Quién no querrá tomarse junto a sus amigos y familiares más de una cerveza, vino, whisky, ron, tequila o vodka disfrutando de los últimos partidos del Mundial?

La prohibición del consumo del alcohol y de la fiesta no es nueva en nuestra historia. Muchos gobiernos moralistas quisieron eliminar el “desenfreno” y los “placeres”. El virrey Toledo, en 1572, instruyó que “ningún español, ni negro, ni indio no pueda hacer chicha para vender, ni tener taberna de ella en sus casas”. José Valenzuela, administrador de la hacienda de San Idelfonso en 1794, promovió una acción legal para “cambiar dentro de la costumbre de repartimientos la entrega de guarapo a sus indios”' ya que tal medida “ocasiona retrasos en la producción”.

En la república, el Reglamento de Policía de Cuenca en 1844 persigue a los borrachitos. El Art.72 señala: “Son vagos' los que ejercen oficios inhonestos: los ebrios de profesión que se encuentran en ese estado con frecuencia en público'” Art 87: “Los que se encuentren ebrios en la calle serán conducidos a la cárcel hasta que se restablezcan y pagarán una multa de 1 a 3 pesos”. García Moreno, en 1860, en su Código Civil, establece sanciones a los trabajadores que se dediquen “a todo vicio habitual que perjudique al servicio o turbe el orden doméstico”. En 1882, el Art. 37 del Reglamento de Trabajadores Asalariados del cantón Otavalo dice: “Ningún trabajador deberá ser admitido en estancos ni lugares de juego durante los días hábiles de trabajo”' El contraventor tendrá una multa de 2 a 10 pesos.

En el siglo XX, las corrientes “civilizatorias”, para impulsar la modernización y la primitiva industrialización apostaron por la disciplina de la fuerza de trabajo. Liberales, conservadores y socialistas dictaron un sinnúmero de medidas para frenar el alcoholismo y las “malas” costumbres.

La verdad es que luego de más de 500 años de persecución, la fiesta y el consumo de alcohol permanecieron y crecieron. La explicación de este fenómeno está en la cultura, en la psicología y en la economía de los pueblos. Esto de la prohibición siempre es un búmeran. En vez de parar el consumo lo incentiva.

Debería preocupar a Alianza País cuánto este proceso olvida a Eloy Alfaro y recuerda a García Moreno, a menos que detrás del moralismo se encuentre una estrategia brillante que ayude al economista Carlos Marx Carrasco y al SRI a fondear las necesitadas arcas fiscales a costa de picar a los irreverentes y chispos, que son miles en este terruño.

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