15 de August de 2010 00:00

‘Prohibido olvidar’

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Marco Arauz Ortega

Los hacedores de la nueva institucionalidad, como en el Génesis, se tomaron su séptimo día de descanso. En este receso político pondrán a trabajar a medio gas las máquinas en donde se forja el destino de los ecuatorianos a su imagen y semejanza; tendrán un respiro antes de seguir sacrificándose por la ‘No República’ que recibieron y que, por suerte, ahora cuenta con un guía que es el único que sabe quién es honrado y quién es culpable y cómo se debe interpretar la naturaleza humana.

En su informe del martes, el Presidente de la República dio mensajes para todos, excepto para quienes considera los enemigos irreconciliables que merecen el fuego eterno: la izquierda radical que le sirvió de plataforma para alcanzar el poder político. Muchos de sus enunciados fueron contradictorios, pero eso es lo que caracteriza a un sistema político que va tomando las características de una religión: ya no importan tanto la realidad o la racionalidad sino el dogma.

En esa visión iluminada, es fácil hablar de seguridad alimentaria y obviar los graves problemas de seguridad ciudadana. Es fácil hablar de reactivación del empleo y despreciar las cifras de los otros. Es fácil hablar de soberanía y soslayar la gran chinodependencia crediticia del Ecuador, que al parecer dentro de poco se extenderá a Brasil. Es fácil secarse la garganta gritando “prohibido olvidar” y plantear la amnistía del ex vicepresidente Alberto Dahik, además con la acotación de que él cree firmemente en su honestidad.

Los gestores de esta institucionalidad hacen las cuentas y se curan las heridas para la próxima jornada: al fin y al cabo, la Asamblea Nacional tramitó las leyes a imagen y semejanza del Gobierno, y los pecadores que se perdieron en los laberintos ya fueron amenazados con el purgatorio de la ‘muerte cruzada’; como saben que no son nada sin su hacedor, prefieren golpearse el pecho y estar listos para las nuevas tareas que demande la revolución.

El sistema judicial sigue inmerso, como en sus peores años, en una inoperancia ya observada internacionalmente pero, eso sí, presto a sacar adelante los casos en los que están interesados sus electores. La dependencia de la Corte Constitucional es decepcionante, mientras que el llamado Quinto Poder anda perdido en largos procesos internos y no es, ni de lejos, la promesa de empoderamiento ciudadano que se ofreció.

Con el pedido presidencial de amnesia, ya se sabe de qué hablará el país en los próximos días y cuán ocupada estará la Asamblea en tratar de ampliar la figura a favor de otros políticos ‘honrados’, mientras el poder ni siquiera se molesta en explicar los temas de fondo. El enorme gasto público, la fiscalización a los gobiernos pasados o la supuesta revocatoria de los contratos del hermano Fabricio se volvieron dogmas de fe. “Prohibido olvidar” quiénes son los nuevos dioses.

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