24 de August de 2010 00:00

¡Prohibido olvidar!

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Sebastián Hurtado Pérez

Al proclamar la inocencia de Alberto Dahik, el Presidente de la República nos recordó algo que los ecuatorianos no deberíamos olvidar. La tan denostada ‘larga’ noche neoliberal apenas duró los tres años en que el economista Dahik -el mayor exponente del neoliberalismo ecuatoriano- ocupó la vicepresidencia de la república.

Es que afirmar que Ecuador ha mantenido políticas económicas neoliberales durante las últimas décadas, debería provocar risa.

El neoliberalismo latinoamericano básicamente apela a las políticas del ‘Consenso de Washington’ que pueden resumirse en: disciplina fiscal; cambio de subsidios generalizados hacia inversiones en salud, educación e infraestructura; reducción de tasas impositivas y ampliación de la base tributaria; tipos de cambio y tasas de interés de mercado; aliento de la inversión extranjera directa; privatización de empresas estatales; liberalización del comercio exterior; desregulación de las actividades económicas y protección de los derechos de propiedad.

La políticas económicas de casi todo el período democrático ‘perderían el año’ miserablemente si se evaluaran bajo la lupa del recetario neoliberal.

La tradicional indisciplina fiscal mantuvo generalmente en rojo los presupuestos de los gobiernos -excepto en ciertos años- y generó dramáticos episodios de inflación y devaluación, por lo que el país cayó en cesación de pagos con más frecuencia que ningún otro de la región. Los subsidios generalizados a los combustibles, a la energía, a las tasas de interés, a los negocios, etc., fueron norma y no excepción. Las tasas tributarias se han mantenido entre las más altas del continente. Las tasas de interés y el tipo de cambio fueron permanentemente manipulados -directa o indirectamente- lejos de sus niveles de mercado.

La inversión extranjera nunca tuvo el mismo status que la nacional. No solo que no hubo privatizaciones importantes -apenas se vendieron acciones en pequeñas empresas mixtas- sino que el ‘stock’ de negocios estatales es ahora mayor. El comercio exterior tradicionalmente mantuvo múltiples trabas arancelarias y para-arancelarias destinadas a proteger a grupos empresariales locales. Las extensas regulaciones burocráticas, han mantenido al país a la cola de los rankings que miden la facilidad para desarrollar negocios. Ni que decir de la situación de los derechos de propiedad.

En conclusión, Ecuador se mantuvo al margen de la ‘ola neoliberal’ que se expandió por Latinoamérica en los años noventa y ha conservado, casi sin cambios una economía de estilo socialista-populista que se gestó en las dictaduras militares de los años setenta y ha alcanzado su clímax durante la actual administración.

Valga un eventual regreso de Alberto Dahik al país para que -entre otras cosas- haga un contrapunto con esa gran mentira que, de tanto escucharla, muchos la asumen como verdad.

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