Gonzalo Maldonado

El problema de la deuda

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28 de April de 2013 00:03

Un pequeño y absurdo escándalo -todos los escándalos son así- ocurrió hace días en la academia estadounidense, tras la publicación de un ensayo que supuestamente echaba por tierra la noción firmemente establecida de que una deuda pública muy alta ralentiza el crecimiento económico de un país.

El anotado ensayo, escrito por tres aspirantes a un doctorado en Economía, encontró fallas en los cálculos presentados por dos distinguidos economistas de Harvard -Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff- en un trabajo publicado en mayo de 2010.

El problema es que aquellos estudiantes no tuvieron la precaución de revisar una nueva investigación que Reinhart y Rogoff presentaron hace menos de un año. Ese nuevo trabajo prueba que, en efecto, las economías con una deuda mayor al 90% del PIB crecen, en promedio, un punto menos que aquellas con una deuda más baja.

Los estudiantes antes mencionados calcularon que los países con una deuda superior al 90% de su PIB crecen a una tasa de apenas 2,2% anual. En su último trabajo, Reinhart y Rogoff estimaron ese crecimiento en 2,3% anual, un resultado prácticamente idéntico. Con esto, el argumento del error de cálculo perdió piso.

Queda, por tanto, zanjada la supuesta polémica y, sobre todo, sigue incólume la idea de que la deuda pública puede ser nociva si alcanza niveles muy altos. ¿Por qué esto es así? Una economía muy endeudada es demasiado vulnerable a subidas de la tasa de interés. Para un país con deuda en el exterior, un aumento en el costo del dinero significaría grandes salidas de divisas y, por tanto, potenciales desequilibrios externos. Una crisis aguda de la balanza de pagos podría, a su vez, provocar severos problemas de liquidez, devaluaciones sucesivas y quiebras en el sistema financiero local.

Si subiera la tasa de interés, una economía con mucha deuda interna sería, en cambio, susceptible a padecer inflación alta porque el Estado tendría que entregar cada vez más dinero a los tenedores de sus bonos, en vez de usarlo en proyectos productivos.

Por el momento, la deuda del Ecuador no es alta. Aunque ha crecido 5 puntos porcentuales desde 2009 es de apenas 21% del PIB. (Ese aumento ya es palpable en los gastos de sector público no financiero, cuyo rubro de intereses subió en 30% el año pasado).

Para evitar que la deuda siga creciendo hay que financiar el crecimiento con inversión extranjera directa (IED). La IED nos inmuniza frente a subidas abruptas de la tasa de interés y es, además, de muy largo plazo.

Quiero creer que el interés que Correa ha puesto por firmar un acuerdo comercial con Europa busca promover una mayor sostenibilidad financiera en el Ecuador. El país recibió apenas USD 83 millones en IED el último trimestre de este año. Hay, como es obvio, mucho por hacer en ese campo.