Manuel Terán

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24 de junio de 2014 20:09

En un documento de trabajo que se prepara para ser tratado en la Reunión Regional Americana de la OIT, a celebrarse en octubre de este año, se cita un estudio de la Cepal sobre la inversión extranjera en América Latina aparecido en el 2012, en el que se menciona: “La inversión extranjera en América Latina y el Caribe alcanzó en 2012 un récord de USD 174 546 millones (el 3% del PIB)…. Se estima que cada millón de dólares de IED genera 3 puestos de trabajo directo, con grandes variaciones por sector (7 puestos en comercio y construcción, 3 en industria y servicios y medio puesto en actividades mineras, incluido petróleo)”.

La nota contradice otras visiones, en las cuales se afirmaba que apenas USD 10 000 de inversión, sin anotarse su proveniencia, permitirían que se genere un empleo. Cualquiera fuese la estimación que más se aproxime a la verdad, lo cierto es que la carencia de recursos en la Región en general hace que, por cualquier país por donde se camine en la zona, el desempleo y el subempleo son los grandes problemas a combatir. Lo anterior pone también en evidencia que los países que buscan estimular la inversión, fuese local o foránea, están en mejores condiciones de fomentar empleo, logrando mayor inclusión social que lo que aparentemente se lograría solo con medidas asistencialistas como los subsidios.

Ecuador ha seguido la tendencia regional y ha logrado disminuir la pobreza y la extrema pobreza en los últimos años, así como ha permitido un incremento de la “clase media”. En América Latina, del 2000 al 2012, esta ha pasado del 22% al 34%. En nuestro país, la tendencia ha sido favorecida por la dolarización y por los ingresos de la sostenida racha de elevados precios del crudo que han ayudado a apuntalar el crecimiento de la economía. Pero aún falta mucho por caminar y se vuelve imperioso conseguir mayores tasas de inversión.

El país entero debe enfocarse en este propósito. Es absurdo seguir en discusiones sobre el “modelo” a seguir, cuando la evidencia demuestra que los países que mejor desarrollo han tenido en la Región son los que han atraído inversión y han ofrecido un clima favorable a los nuevos emprendimientos. Los resultados no se logran de la noche a la mañana, pero si persistiéramos en esta vía por una o dos décadas, en forma independiente a cuáles fuesen los gobiernos de turno, el horizonte se ampliaría para esas nuevas generaciones que, hoy por hoy, solo tienen al frente incertidumbre.

Algunas señales de pragmatismo se pueden atisbar luego de haber atravesado una larga curva de aprendizaje que ya debería disipar dudas y ambigüedades. Pero de otro lado también se recurre al lenguaje descalificativo y se proponen cambios legislativos cuyos objetivos reales parecería que tienen otro rumbo. Es momento de avanzar como país en una sola dirección, con la vista puesta en las necesidades de las grandes mayorías. Y, hoy por hoy, la principal prioridad es crear posibilidades de empleo, para poder hablar de una verdadera inclusión social de manera digna.