26 de March de 2014 00:02

El principio preventivo

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Muchos de los problemas que enfrentan diversas sociedades en el mundo no parecen encaminados a solución. Al contrario, se han estancado en el horror, como es el caso en Siria, o van de mal en peor, como el conflicto entre musulmanes y cristianos en Nigeria y, muy posiblemente, el problema entre Rusia y Ucrania, en el que queda por ver si las intenciones rusas quedaron satisfechas con la anexión de Crimea, o si incluyen, como muchos temen, la anexión total de Ucrania.

Sin embargo, muchos otros conflictos con similar potencial destructivo han sido encauzados en años recientes hacia resolución pacífica: el drama sudafricano que culminó en los acuerdos de los cuales fueron principales artífices Frederik de Clerk y Nelson Mandela; el fin de las guerras de insurgencia en América Central que le valió el Premio Nobel de la Paz a Óscar Arias; el fin de la espantosa guerra civil entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte; la paz entre Ecuador y Perú de la cual ha nacido una nueva relación que es ejemplo de reconciliación; la reciente resolución del diferendo marítimo entre Perú y Chile; la asombrosa división de Checoslovaquia en República Checa y Eslovaquia, a través de una razonable y civilizada negociación que ha sido descrita como el "divorcio de terciopelo".

Lo que permite que confrontaciones con similar potencial de violencia y destructividad evolucionen, unos en dirección catastrófica, y otros hacia razonable resolución, es la realidad psicológica y emocional de las personas involucradas. Aquellas que no logran superar el odio, el ánimo de venganza, la primitiva necesidad de dominar a otros, terminan en destrucción mutua. Al contrario, aquellas que enfrentan sus conflictos con madurez, equilibrio y generosidad de espíritu pueden llegar a conciliar sus aspiraciones con las de otros, perdonar daños y ofensas, y construir nuevas relaciones mutuamente beneficiosas.

El desafío, entonces, es aplicar el principio preventivo, y crear condiciones que aseguren la mejor evolución de los conflictos cuando surjan. Un ejemplo de este principio se da en algunos países de Oriente en los que uno le paga a su médico una módica suma mensual mientras está sano, y deja de pagarle cuando se enferma.

Frente a futuros conflictos, el principio preventivo se aplica a través de sistemas liberales de crianza y de educación que estimulan el desarrollo de personas independientes, abiertas a los demás, compasivas, capaces de amar, de perdonar y de cooperar, que sabrán evitar las torceduras del espíritu humano que derivan en horrendas espirales de conflicto escalado.

Al padre de la maravillosa Malala se le preguntó recientemente "¿Cómo estimuló el desarrollo de su hija?". La respuesta de Ziauddin Yousafzai, totalmente enmarcada en el principio preventivo: "No le corté las alas".

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