Washington Herrera

Los primeros cien días

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La partitura del próximo gobierno ya está escrita y solo cambiará el director de la orquesta. Lo que se hará es la hoja de ruta, de la misma ruta, pero en un nuevo contexto nacional e internacional, por lo que no cabe esperar cambios significativos que supongan un acercamiento hacia posturas liberales. En todo caso, lo primordial es que el gabinete ministerial sea lo más competente posible para definir las prioridades en función de los intereses superiores de la Nación.

Los primeros 100 días de un gobierno es un período para vislumbrar la orientación política y el alineamiento económico y son generalmente oportunos para dar golpes de timón mediante decisiones importantes, aprovechando el impulso político que se tiene en este lapso.

En materia económica lo que espera el país es un compromiso definitivo de mantener la dolarización para tranquilizar a los agentes económicos, a fin de que retornen los capitales que se han acumulado en el exterior por temor a la desdolarización y así desatar un período de nuevas inversiones privadas sobre la base de estabilidad jurídica y económica. Este compromiso requiere que el gobierno no haga nada que implique riesgos para la desdolarización, pues ésta es tan impopular e hipersensible que hasta podría acabar con la estabilidad de cualquier gobierno en el Ecuador.

Congruente con este compromiso básico no cabe insistir en el llamado dinero electrónico en las condiciones que se ha venido promoviendo, porque también es algo tan impopular debido a su génesis deleznable. Habrá otros procedimientos digitales para introducir una forma de transferencias electrónicas que aumente la velocidad de circulación de dinero real, para compensar la escasez de liquidez en un país sin moneda propia.

Autoridades económicas competentes y prestigiosas son deseables para calibrar bien el endeudamiento desenfrenado y caro , para mejorar la calidad del gasto y comprometerse rotundamente a no tocar los dineros privados depositados en los bancos para prestar al gobierno, porque esto genera nerviosismo en los depositantes y afecta negativamente a las perspectivas de crecimiento económico.

Los primeros 100 días se deben aprovechar también para diseñar una política fiscal responsable y disciplinada, y achicar el presupuesto imponiendo una austeridad inteligente y con criterio social, de modo que se traslade mano de obra del sector público al sector privado al que se le debe seducir con credibilidad y confianza para que invierta en producciones rentables con el apoyo eficaz del gobierno, pues la recuperación económica precisa de coaliciones amplias, en el entendido de que el progreso es un objetivo total que no responde a ideologías.

Los populismos miopes son contraproducentes, no mejoran sostenidamente la condición de los pobres y terminan con las dádivas cuando la economía se contrae. Es tan breve la ayuda y tan larga la pena.

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