Susana Cordero de Espinosa

¿Hasta cuándo, señor presidente?

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¿¡Hasta cuándo la maldita codicia!? ¿Hasta cuándo perderemos, en nuestra patria, árboles, plantas, reservas sabias de la naturaleza?; ¿hasta cuándo permitiremos el desperdicio de los secretos vivos de nuestros bosques, aguas, cielos, climas, aire, fauna, aves, montes, lagunas, páramos?; derrochamos cuanto hace viva y buena nuestra vida y más allá, pues todo está interconectado. Ya lo supo Confucio: el aleteo cercano de una mariposa provoca un maremoto en el lejano Japón. ¿Hasta cuándo contribuimos a perder cuanto da vigor y belleza a nuestro existir, garantiza la vida plena de generaciones presentes y futuras, hoy estúpidamente malgastadas por orden del dinero corriente y moliente, de la desquiciada, insaciable ambición? El filósofo alemán Inocencio Bochensky lo expresó con meridiana claridad: “El dinero es el peor invento de los seres humanos”. Lo estamos probando, querido amigo.

¿Hasta cuándo la esperanza en el dinero del petróleo, que, a la larga, solo siembra vientos? ¿Hasta cuándo el sacrificio de zonas paradisíacas, únicas, inviolables? Usted es hombre sensible: no puede no serlo, está vivo y alerta. Quiero creer que aspira a lo mejor para todos. Sé que su tarea cotidiana es fuerte, que tiene que luchar, no contra molinos de viento, sino contra endriagos y gigantes reales, no imaginarios como los de nuestro don Quijote y que, como él, como todos, está condenado a fracasar. ¿Sabía usted que la novela, ese género literario que refleja la vida, se define desde el modelo cervantino, como el ámbito que registra el fracaso de toda existencia? Tal es el existir. No fracasar sería no morir, y nadie puede librarse de esta única posibilidad cierta, entre todas las posibilidades a que nos abrió la vida.

Esto es más verdadero para la querida y hermosa gente aún no contaminada que vive en nuestro mítico Oriente, a la que vamos quitando el sabor de su tierra, sus costumbres, su paz; volviéndolos egoístas, vengativos, tristes, ambiciosos. Y esto es enorme: esos fines económicos no solo no ahorran vidas, sino que se consiguen a base de inicuos daños, infames asesinatos. ¡Las buenas vidas de nuestra gente excelente! Porque “crecen sospechas de que dirigente shuar en Zamora fue asesinado”.

Usted, yo, todos, tenemos un inevitable “horizonte de predicciones”. Predigamos el futuro de nuestro Yasuní, “sucesión infinita de pequeñas colinas formadas por el paso milenario de los ríos, que alberga uno de los ecosistemas de mayor biodiversidad en el mundo, donde habitan los más variados representantes de la fauna y flora tropicales, esa Reserva mundial de la biosfera”. Predigamos el futuro de familias sin padres, sin tierra: el de las familias de Bosco Wisum, de Fredy Taish, de José Isidro Tendetza, síndico de la comunidad shuar de Yanúa, opuesto a la explotación minera… Tenían nombre y apellido, presidente, usted tiene poder. Luche para que se haga justicia; luche contra la muerte de la naturaleza, de la fauna y la flora, la de nuestros pueblos bellamente primitivos. Solo si lo hace, lo recordaremos sin dolor.

scordero@elcomercio.org