Francisco Carrión Mena

Yo tengo una pregunta

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Es imperativo respaldar al Presidente Moreno en su búsqueda de consensos, de unir a los ecuatorianos, de buscar el bien solidario sin distinción, de luchar contra la corrupción, de dialogar, de acabar con la confrontación y la mezquindad. El Presidente debe saber que la ciudadanía en general, y no necesariamente los sectores políticos, le apoya en esa cruzada que marca una diferencia con el gobierno anterior. Muchos grupos ciudadanos se han organizado para respaldarle y debe saberse acompañado.

No por otro motivo su gestión se valora con ese 80% de que hablan las encuestas. Pero si desea, como lo creo, sacar al país del entrampamiento generalizado en que se encuentra debe llevarnos a una consulta ya -recuerde que la popularidad es fugaz-. Se impone porque las instituciones, la economía y la moral pública están como paralizadas. Ahora Moreno tiene que hacer realidad lo que ha venido diciendo y para ello debe dotarse de los instrumentos necesarios.

Las preguntas que deben formularse de alguna manera se intuye por donde van. Las autoridades de control están deslegitimadas y hay que removerlas; la entidad nominadora, el CPCCS, lo está igualmente; la reelección indefinida debe descartarse; y otras inquietudes que convenga incorporar al cuestionario.

A ellas me atrevo a proponer una junto con amplios sectores ciudadanos: ¿está de acuerdo en que el gobierno detenga sus operaciones y mantenga el crudo del Yasuní-ITT indefinidamente en el subsuelo? Esta pregunta se impone por dos razones: ya fue lanzada y es una deuda que el Estado debe saldar con el pueblo, en particular con la juventud, que fue impedida truculentamente que una consulta al respecto se haga; y, porque el resultado positivo a la pregunta le beneficiará al Ecuador y le proyectará al mundo como país pionero en varios campos de la ecología.

Esta interrogante lleva en sí otros temas cruciales que deben ser de obligatoria preocupación para el Estado y ser parte de la consulta. El cuidado del agua, la protección del medio ambiente, el cambio climático, los derechos humanos, en fin, los mismos que son parte de la fallida propuesta del Yasuní ITT anunciada hace diez años y que fue torpemente cancelada.

El sí a esta pregunta proyectará internacionalmente no solo al país sino al propio presidente Moreno como un visionario líder defensor de los principales puntos de la agenda mundial. Él, como amazónico, es quien mejor conoce de la realidad que surge de su tierra natal y se lanza al mundo para defender el planeta en plena convulsión a causa de la naturaleza.

Y de paso, la simpatía de la juventud y de los ecuatorianos conscientes hará que la consulta, en su conjunto, sea un éxito para el gobierno y para el Ecuador.

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