Opinión
Julio Echeverría

La post-representación

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21 de July de 2013 02:42

La eliminación del registro electoral de los actores centrales del sistema político vigente hasta el año 2006 decretada por el Consejo Nacional Electoral, entre ellos los protagonistas del diseño del sistema moderno de partidos en el Ecuador (Izquierda Democrática y Democracia Popular), pone en evidencia la prefiguración de otra modalidad de construcción decisional, la de la post-representación.

La mayoría absoluta de Alianza País en la integración de la Asamblea Nacional cierra una fase crucial en la modificación del sistema político de partidos. Esta configuración mayoritarista sanciona la transición desde un modelo político de democracia representativa y deliberativa, hacia un modelo político aclamativo-plebiscitario de cooptación meritocrática, por medio del cual se pretende haber 'superado' la crisis de representación.

Sin embargo, Alianza País aparece de manera paradójica como expresión de esa crisis; es un actor antipolítico por excelencia, con una clara orientación de enfrentamiento a la democracia representativa, un movimiento-actor que se sustenta sobre la figura carismática del Presidente-elector. Alianza País expresa la crisis de la partidocracia y su imposibilidad de salida, la reducción de toda participación a la voluntad de un aparato de Estado, con una fuerte orientación inclusionaria y de cooptación, en cuyo eje esta la capacidad decisional del jefe carismático.

Una transición trunca de modelo que no resuelve el problema de la representación, sino que lo agudiza. El diseño institucional se completa con otras líneas de estrategia: la neutralización y control a la libre expresión de la opinión pública, a través de la Ley de Comunicación; la virtual eliminación de cualquier atisbo de autonomía de las organizaciones de la sociedad civil recientemente ratificada por el decreto presidencial No. 16, así como el férreo control de la administración de justicia cuya intervención por parte del ejecutivo fue legitimada plebiscitariamente.

La representación es un modelo colectivo de construcción deliberativa de las decisiones y está dotada de instituciones que lo garantizan, entre ellas los partidos políticos y la independencia de la Legislatura frente a los otros poderes públicos; la crisis de este modelo no puede resolverse regresando hacia formas carismáticas, teológicas o seculares de construcción de la política; pasa por la necesidad de reinventar la forma partidaria, por perfeccionar las formas horizontales de comunicación y socialización política y superar los mecanismos jerárquicos y excluyentes en los cuales incurrieron los partidos tradicionales. La democracia ecuatoriana se encuentra frente a un crucial desafío, o defiende la institucionalidad deliberativa o arriesga someterse al nuevo diseño institucional, el de la post-representación.