Vicente Albornoz Guarderas

Populismo o libertad

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Este uno de esos temas en que hay que escoger entre dos opciones excluyentes entre sí. Es lo primero o lo segundo, pero nada en el medio. Y no es por un tema ideológico, sino por un tema puramente realista: las políticas populistas son carísimas. De manera que cuando cae el precio del petróleo, la única manera de mantener tanto gasto es restringiendo las libertades económicas.

Por lo tanto, si el precio del barril no sube significativamente y si se quiere seguir en la onda de “papi Estado lo paga todo”, la única opción que existe es poner altísimos aranceles, distorsionar el mercado de seguros de salud, obligar a las clínicas privadas a atender a los pacientes derivados del IESS, imponer impuestos confiscatorios, prestar el encaje, obligar al uso de monedas “alternativas”, endeudar a las próximas generaciones hasta las muelas, borrar toda flexibilidad en la contratación laboral, fijar las tasas de interés, establecer desde el Estado hasta el costo de sacar plata de un cajero automático o cualquier otra de esas locuras.

Porque sólo así se puede mantener, con un barril barato, un gasto público altísimo en un país petrolero y dolarizado.

Y así, hasta podríamos inventarnos una “antigua profecía” que anunciaba que “en los postreros días de la era verde flex, en el altar del populismo se sacrificará hasta el último milímetro de libertad económica”. Lo trágico es que si bien la profecía es totalmente inventada, el sacrificio sí es real.

Veámoslo en el ejemplo de las salvaguardias, que se crearon para limitar las importaciones. Aquí hay que preguntarse dos cosas: por qué estaban altas las importaciones y por qué había que limitarlas. La respuesta a lo primero es que las importaciones estaban altas porque el gasto del gobierno era tan enorme que fomentaba la demanda a tal nivel que la gente demandaba millones de bienes importados.

Y si había que frenar las importaciones es porque somos un país dolarizado y estaban saliendo tantos dólares del país que empezaban a reducirse el medio circulante y el crédito bancario, lo cual es recesivo. Entonces, para frenar la caída del crédito había que frenar las importaciones.

La solución “no populista” hubiera sido reducir el gasto público para que baje la demanda, caigan las importaciones y la economía se equilibre. Pero bajar el gasto es impensable para los populistas que ni se dan cuenta que está altísimo (en 2014 se gastó más del triple que en 2006, incluso ajustando por inflación).

Entonces, ante la disyuntiva de populismo o libertad, ellos priorizan el populismo y sacrifican la libertad. Y cuando la libertad económica muere, los países empiezan a marchitarse como las flores sin agua. Y las peores profecías empiezan a cumplirse.

@VicenteAlbornoz