15 de January de 2011 00:00

¡Popularidad!

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El presidente Correa culmina sus cuatro años con altos niveles de popularidad. Varias son las razones de este hecho. Una de ellas es la prioridad gubernamental dada a lo social, en particular a la educación. Eso lo valora la gente: aplaude la política educativa.

Los datos de Informe Confidencial (IC) publicados por la revista Vanguardia N° 272 del 3 de enero del 2011 así lo confirman. Ante la pregunta de IC “¿Qué es lo mejor que ha hecho el gobierno de Rafael Correa en este año?” El primer puesto lo tiene la respuesta: “escuelas”. En el mismo reporte la aprobación por áreas de la gestión, educación está en segundo lugar luego de salud con la diferencia de un punto. Salud tiene un 83% de aprobación y educación el 82%. Conclusión: invertir en lo social y particularmente en educación da altos réditos políticos.

Pero este reconocimiento popular le obliga al Gobierno no solo a mantenerlo, sino a incrementarlo. Urge la revisión de su política: pulir aciertos, rectificar errores.

Pasa por reconocer que tener un Plan Decenal fue bueno, pero que topó techo. Fue elaborado con los insumos, acumulados y desafíos del 2006 y que ahora en el 2011 hay que construir uno nuevo basado en los objetivos y principios de la Constitución del 2008 y en un proyecto nacional y educativo que mire al 2050.

Fue bueno llevar a más niños y niñas a las escuelas, un 95%. Pero cabe aceptar que se les llevó a las mismas escuelas de siempre, de mala calidad, con profesores tal vez mejor pagados, pero cargados de una pésima formación y sin las mejores condiciones para su trabajo. Si, fue estupendo el mayor acceso, sin embargo cientos de miles no culminan sus estudios.

Fue y es valioso repartir gratuitamente textos escolares, mas no se debe repetir jamás el error de distribuirlos (al menos hasta abril del 2010) a sabiendas que contenían múltiples deficiencias. Fue importante crear la cultura de la evaluación y lograr su aceptación de parte de la UNE, no obstante hay que aprender que no se debió imponerla por la fuerza ni mucho menos a costa de la autoestima de los profesores y del deterioro del prestigio social de la profesión docente. La evaluación no como un instrumento punitivo sino formativo.

Bien por la alta inversión educativa, pero ¿qué de la calidad del gasto? Cuidado con solo pensar en las pocas Escuelas del Milenio y olvidarse de las 6 000 escuelas unidocentes. Ojo con limitar a los municipios a la infraestructura escolar.

Bien la lucha contra el analfabetismo, mal por anunciar la falsedad de haberlo eliminado. Aplausos por priorizar la educación, pero sin apresuramientos. Con diálogo.

Popularidad... el Vicepresidente es tan o más popular que el Presidente por su apoyo a los discapacitados, sin embargo ambos tienen una deuda con el ITT. ¡Popularidad' valorada y efímera al mismo tiempo!

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