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10 de May de 2012 00:01

Los ciudadanos le ganan, y por mucho, la partida a los políticos en la tuitosfera ecuatoriana. La razón es simple, mientras la red social funciona de manera horizontal, nuestros políticos -todos cortados bajo la tijera tradicional de la política clásica- simplemente no la comprenden. Su configuración está hecha a la medida de los liderazgos verticales, del iluminado y sus seguidores, del caudillo y el pueblo aborregado, cuando en la red opera el principio esencial de la igualdad y de ausencia de jerarquías y distinciones particulares.

Esa es la magia del Twitter, la “desintermediación” que supone la posibilidad de interacción directa y de diálogo puro entre las partes, como antítesis del acto cúlmine de la política tradicional en que el líder arenga desde un balcón elevado a una masa. Por eso nuestros políticos tienen dificultad de asimilar la dinámica, ya que conceptualmente -y sin distinciones ideológicas- ellos son una suerte de sabios omnisapientes que fungen de mesías de pueblos ignorantes atrapados en ominosos pasados, noches neoliberales y madrugadas socialistas.

Y les digo que el pobre desempeño de nuestros políticos en la red no tiene clemencia ideológica, porque le va igual de mal al prolífico @mashirafael con sus 330 000 seguidores (y contando…) que a los precandidatos @alvaronoboap y @lassoguillermo.

Al primero, porque no se ha dado cuenta que los usuarios hipercríticos, ultrapolitizados y severamente informados (al borde de lo médicamente recomendable) no se llevan bien con las frases acartonadas y cliché de sus prolongadas sabatinas. Porque cree que el tuitero es un consumidor maleable de su verdad, como sus seguidores duros y porque al mínimo cuestionamiento responde la manida frase de “ni ellos se lo creen”, dejando en evidencia que la interacción en la red social lo tiene descolocado. Imagínense la “majestad” del poder discutiendo pico a pico con los guerrilleros virtuales de humor irreverente y agudo que lo han apodado Hólger.

@alvaronoboap en cambio, decidió evadir la incomodidad que presupone la interacción con los burlones internautas, optando por el inglés como idioma de sus intervenciones. ¿Inusitado verdad? No, si es que uno se lanza a un globo de ensayo electoral con intenciones dudosas.

Finalmente [email protected] y su desatino cibernético. De cuando pasa de sus consejos de vida de la nueva era y la corrección política al “pique” cuando le disgusta que le increpen sobre el destino de sus acciones bancarias en el caso de una eventual candidatura y dice que él responderá a las preguntas que él quiera. ¡Inicio promisorio!

Por eso futuros votantes, sugiero abran una cuenta de Twitter, polemicen mucho con los aspirantes y dueños del poder, y vean de qué madera están construidos.