Walter Spurrier

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Inicios de mayo 2017: la ciudad ajetreada, en plenos preparativos para la ceremonia de cambio de mando, la primera en una década. O quizá no, ya que la Corte Constitucional abrió una rendija que permitiría al presidente Correa optar por un cuarto período presidencial, de reconsiderar su decisión de no postularse.

Es incierto el matiz del Gobierno que se posesione en mayo 2017: si de oposición, quién, e incluso de qué tendencia. Si de Alianza País, cuál de los dos vicepresidentes, o si continúa Rafael Correa.

Sea cual fuera el color del gato, tendrá que cazar ratones, como diría Deng. Y este gato no caza: vacía la despensa.

El rumbo actual de la política económica es insostenible. El Gobierno basó su estrategia en que a mayor el tamaño del Estado, mejor; que el petróleo iba a seguir subiendo de precio durante el futuro previsible hasta que el Ecuador, gracias a las industrias de Yachay, fuese exportador de tecnología de punta.

Pero el petróleo cayó y el peso muerto del gasto burocrático hunde la economía. Tenemos costos internos dignos de un país de alta productividad, lo cual no es el caso. Hemos erigido una muralla para frenar importaciones, y la amenaza ahora es que en retaliación, se prive a nuestras exportaciones el acceso preferencial a los principales mercados.

Reconocen las autoridades que aumentar el IVA dos puntos no redundará en gran incremento en la recaudación. No hay financiamiento a la vista para el monumental gasto público previsto. Vivimos en vilo a espera del siguiente crédito chino. El FMI calcula que la economía tiene por delante dos años de contracción superior al 4%.

El gato de 2017, sea rojo o azul, tendrá que salir a cazar ratones. En lo inmediato, hay que reducir drásticamente el consumo de administraciones públicas, y dada la inflexibilidad de nuestra política laboral, se requerirán cientos o quizá mil millones de dólares para el pago de indemnizaciones. Quien puede extender parte del dinero y ayudar a conseguir el resto, es el Fondo Monetario.

También hay que devolverle competitividad al sector privado y crear condiciones para atraer inversión nacional y extranjera. Pero eso toma tiempo para rendir frutos.

La estrategia de patear el problema para adelante es entendible si se pretende ceder el poder a la oposición, para que sea esta la que tome las medidas de ajuste, como le tocó a Mauricio Macri en Argentina. Pero si AP espera continuar en el poder, no tiene sentido.

El ajuste que debería hacerse de aquí a un año sería mucho más duro que el de ahora (hubiera sido mucho más llevadero habernos ajustado en 2015). Glas y Moreno deberían condicionar sus candidaturas a que Rafael Correa deja la casa en orden. De lo contrario, si uno de ellos gana, le tocará hacer frente a una situación que puede salirse de las manos.