Mario Osava

La política, un negocio en Brasil

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¿Sobrevivirá la democracia en Brasil al escándalo de corrupción que amenaza con decapitar a toda la generación actual de líderes políticos y trabar las reformas con que el gobierno piensa superar la crisis económica?

“Una intervención militar no está en el horizonte, pero puede aparecer” si proliferan los conflictos y el caos urbano como ocurrió en Espírito Santo, teme el historiador Daniel Aarão Reis, profesor de la Universidad Federal Fluminense en Niterói.

Espírito Santo, pequeño estado del centro-este de Brasil, vivió días de muchos asaltos y asesinatos en las dos primeras semanas de febrero, sin transporte público y con comercios, escuelas y hospitales cerrados porque agentes de la policía militar dejaron de patrullar las calles en reclamo de mejores sueldos.

“Una desagregación social peligrosa”, que ponga en riesgo el sistema institucional, podría ser uno de los escenarios del futuro próximo, según pronostica el sociólogo Elimar Nascimento, profesor de Desarrollo Sustentable de la Universidad de Brasilia.

Ese contexto resultaría de la caída de muchos dirigentes acusados de corrupción, de las protestas populares y del rechazo de las reformas previsionales y laborales, así como de huelgas en el sector público por aumentos de salario, vedados por el ajuste fiscal, que podrían derivar en rebeliones como la de Espírito Santo. Todo eso perjudicaría a la economía, prolongando la recesión, que ya dura dos años, e inviabilizando al actual gobierno.

La alternativa sería perjudicar a la “Operación Lava Jato” (lavado de autos) del Ministerio Público, que investiga la corrupción en los negocios petroleros y que ya involucra prácticamente a todos los líderes parlamentarios y a ocho ministros, según trascendió de los testimonios de los 78 dirigentes y exdirigentes de la constructora Odebrecht que decidieron colaborar con la Justicia. “Nada cambiaría, se salvaría la mayoría de los acusados, la corrupción volvería a crecer gradualmente y se perdería una oportunidad única de renovar la política brasileña” en las elecciones de octubre de 2018, especuló el profesor. “Entre esos escenarios extremos, podría ocurrir uno intermedio, lograr un saneamiento de la política en las elecciones”, con la exclusión de los corruptos por los logros de “Lava Jato”, “pero es poco probable por la cultura permisiva de los brasileños”, evaluó, en diálogo con IPS.

La corrupción, en la magnitud revelada por las investigaciones de los tres últimos años, “amenaza la democracia porque es sistémica y generalizada”, precisó Nascimento.

La amplitud de la llaga está en las revelaciones de Odebrecht: los cinco expresidentes vivos y el mandatario actual, Michel Temer, se habrían beneficiado de recursos ilegales, además de los presidentes del Senado, y el de la Cámara de Diputados, así como dirigentes de los principales partidos.

Mario Osava
IPS