23 de May de 2010 00:00

Una política sin alaridos

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Vicente Albornoz Guarderas

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Lo más fascinante de las últimas elecciones británicas es que las cosas funcionaron a pesar de lo atípicas que fueron. Y lo curioso es que muchas de las cosas que ocurrieron no están reguladas en ninguna ley. Lo curioso es que la democracia en Gran Bretaña viene funcionando bastante bien durante los últimos 350 años a pesar de que ese país ni siquiera tiene una constitución.

El 6 de mayo se eligió un nuevo parlamento. Gran Bretaña está dividida en 650 distritos y en cada uno se eligió un parlamentario. Las elecciones en cada distrito fueron extraordinariamente aburridas y la BBC se encargó de transmitir muchas de las ‘ceremonias’ en las que se proclamaron los resultados. La palabra ‘ceremonia’ está usada en sentido irónico, porque la proclamación de resultados no tuvo nada ceremonial.

En los 650 distritos se repitió el mismo ritual: un señor tomaba la palabra y, luego de decir que era el jefe de la comisión electoral, leía el número de votos obtenido por cada candidato. Ocasionalmente alguien aplaudía.

El candidato más votado era declarado ganador, se le daba la palabra, hablaba por 2 minutos, agradecía a la comisión y a sus contrincantes y se comprometía a trabajar por el distrito. Dos o tres personas aplaudían y la ‘ceremonia’ terminaba. Y eso era todo. El diputado estaba elegido, posesionado y podía irse a su casa. Nada de protestas, apelaciones, alaridos, nada. Aburrimiento puro.

Lo atípico de estas elecciones fue que ningún partido obtuvo una mayoría absoluta en el parlamento y el partido más votado (los conservadores) tuvo que negociar una alianza con el tercero (los liberales). Hubo dos días de reuniones y cuando se pusieron de acuerdo en los temas centrales, el líder del partido conservador (David Cameron ) se dirigió a la residencia oficial del Primer Ministro británico, dio un corto discurso a los periodistas reunidos frente a la puerta e ingresó a la que será su casa los próximos 5 años. Nada de grandes ceremonias, nada de asunción de mando, nuevamente, nada.

Un día antes, el anterior primer ministro había abandonado la residencia oficial, sin hacer ninguna alharaca, sin atrincherarse en ella, sin llamar a manifestantes para que le apoyen. Simplemente se fue.

Al día siguiente, la reina Isabel le pidió a Cameron que forme un gobierno y él le entregó lista de ministros que había definido con los liberales. La cosa se vuelve todavía más interesante si se considera que Cameron nunca fue electo primer ministro. Simplemente ocupó la residencia oficial cuando la alianza con los liberales estuvo cerrada.

Algunos politólogos han definido a estas elecciones como “diferentes” porque incluyó una negociación entre dos partidos. Algún iluso las definió como “interesantes”. Se ve que no conoce nuestro país.

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