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29 de May de 2011 00:08

Escribo desde Roma, metido de lleno en el Congreso Mundial de Cáritas. Estamos representantes de 122 países, acompañados de secretarios ejecutivos y de una legión de técnicos, la mayoría hombres y mujeres que trabajan a pie de obra en cualquier rincón del mundo. Objetivo del Congreso: diseñar la acción solidaria de la Iglesia Católica para los próximos cinco años. En medio de ponencias, paneles y comunicaciones planean sobre nuestras cabezas exigencias sociales que se van haciendo irrenunciables en cualquier foro que intente dar respuestas razonables a los temas de la pobreza y del desarrollo: reducir el riesgo y el impacto de las crisis humanitarias, transformar las estructuras injustas, erradicar la pobreza extrema, aumentar la capacidad organizativa... Y, en definitiva, sembrar esperanza en medio de un mundo convulsionado, hambriento de paz y de desarrollo, tantas veces maltratado por aquellos que debían cuidarlo.

Lo cierto es que durante más de 60 años, Cáritas ha ejercido la opción preferencial por los pobres respondiendo con amor al sufrimiento humano en un mundo injusto y desigual. Sin duda que ha habido grandes avances en la erradicación de la pobreza, pero en esta segunda década del siglo XXI nos encontramos con enormes desafíos. Más de mil millones de personas siguen viviendo por debajo del umbral de la pobreza. La mayoría, en países frágiles, atormentados por conflictos, los desastres y el hambre.

Conforme aumenta la brecha entre ricos y pobres, los más pobres del mundo son los más afectados por los retos adicionales del cambio climático, el alza en los precios de los alimentos y los efectos de una crisis financiera que se va haciendo crónica... A orillas del Tíber pienso en los pobres de mi querida Loja, víctimas de la sequía, los sembríos perdidos, obligados a una movilidad constante... Y pienso en la tarea espléndida ne nuestras Cáritas ecuatorianas, presentes en cualquier rincón, allí donde una comunidad es capaz de soñar y de trabajar a favor de los humildes.

En Roma hemos soñado hombres y mujeres de toda raza y nación: "Una familia humana, pobreza cero". Este ha sido nuestro lema. ¿De qué se trata? De vivir dignamente y en paz, de erradicar la pobreza extrema, de tomar conciencia de causas y efectos, de empujar la creación de redes a favor de un mundo justo y solidario... ¿Se acuerdan de la Declaración del Milenio en el año 2000? Los políticos del mundo entero cantaron a coro promesas inalcanzables... Pusieron una linda cara para la foto de familia y prometieron que en 2015 la pobreza sería reducida en todo el mundo a la mitad. A un paso del plazo establecido, el 2015 está a la vuelta de la esquina, seguimos más o menos donde estábamos... ¿Qué nos toca? Seguir soñando y luchando. Que estemos lejos de la verdad no nos exime de buscarla. Algún día alcanzaremos los cielos y la tierra nueva en la que habite la justicia y reine la paz. Por de pronto, hagamos la parte que nos toca.