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El problema es que los marxistas nunca entendieron la formación de precios en un mercado. Nunca entendieron que el precio de un bien se fija por la interacción de una infinidad de fuerzas que la ciencia económica moderna resume en “la oferta” y “la demanda”.

Para Karl Marx, el precio de un bien estaba en función de los costos de producción y, sobre todo, del trabajo socialmente necesario para producirlo (que incluye la ganancia del capitalista). O sea, en función de las fuerzas que están detrás de “la oferta”. Pero nunca acabó de reconocer la existencia de las fuerzas de la demanda. Por eso es que a la izquierda marxista le cuesta tanto entender los precios. Y peor todavía si por ahí aparece la palabra “plusvalía”.

Porque el término plusvalía (que simplemente significa “aumento de valor”), en la teoría marxista tiene una connotación malvada, pues, según la doctrina comunista, la plusvalía es aquello que el capitalista extrae de sus trabajadores. Sea como sea, el hecho final es que en el Gobierno la plusvalía es mal vista y se la quiere gravar con impuestos.

En el lenguaje tributario ecuatoriano, plusvalía es el aumento del valor de un inmueble y la propuesta, aunque algo difusa, consiste en gravar significativamente la ganancia que puede hacer una persona por la diferencia entre el precio de compra y el precio de venta de una casa o un terreno.

Uno de los argumentos usados es que en muchos casos los aumentos en el precio son por obras realizadas por el Gobierno, pero esa visión se olvida, justamente, de todas las fuerzas de “la demanda” que pueden hacer que un terreno, sin que nada en su entorno cambie, aumente de precio. Por ejemplo, podría ser que un alto gasto en remuneraciones de funcionarios públicos ponga una importante cantidad de liquidez en manos de los ciudadanos que ahora están dispuestos a pagar más por el mismo pedacito de tierra.

Por otro lado, es injusto que alguien gane dinero y que no pague algún tipo de impuesto. Pero para eso ya existe el Impuesto a la Renta que debería gravar a todos por igual. Y ese es un punto difícil de entender: ¿Por qué se quiere crear un impuesto nuevo si se podía simplemente ampliar uno que ya existe?

Hoy, cuando una empresa vende un inmueble, tiene que pagar Impuesto a la Renta sobre la diferencia entre el precio de venta y el valor en libros del inmueble. No es absurdo pensar que las personas naturales tengan un tratamiento igual (obviamente ajustando los precios por la inflación).

De manera que un impuesto a todas las ganancias y que trate a todas por igual (o sea, un Impuesto a la Renta), sí tiene sentido. Mientras tanto, un impuesto específicamente dirigido a reducir casi a cero la ganancia proveniente del cambio en el precio de un inmueble es un síntoma que refleja poco conocimiento de los procesos de formación de precios.

@VicenteAlbornoz