Martín Pallares

Todo un piso para Sharon Stone

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Muy buenos para gastar y muy buenos para recaudar.
La figura viene a cuento a propósito de los mensajes que el Gobierno transmite en algunas radios y en los que se dice que el pago cumplido de impuestos es una forma de amar al Ecuador.

Pero, durante los últimos años, es evidente que ha habido un comportamiento que se contradice con esa visión de “amor al país” y es el que tiene que ver con la forma generosa con la que se han dispuesto de los recursos públicos.

Un ejemplo de esta actitud se evidencia en el contrato que aparentemente firmó Sharon Stone, una estrella de Hollywood, para venir al Ecuador y participar en actos políticos públicos. Estos incluían estar en el cambio de guardia en los balcones de Carondelet, viajar a la provincia de Orellana y constatar las áreas afectadas por la explotación petrolera.

El documento ha sido presentado en una corte de federal de Nueva York dentro del litigio que enfrenta a la empresa McSquared (que contrató a Stone) y la firma que representa a la actriz. Y permite ver algunas de las cosas por las que los administradores de los dineros del país estaban dispuestos a pagar, a cambio de un llamativo operativo de propaganda en el cual Stone era la atracción mayor.

A Stone se le ofrecía no solo un honorario más que atractivo de USD 250 000 por cinco días de actividad, sino una serie de comodidades muy al estilo de un emirato árabe y que se calcula costaban alrededor de USD 70 mil.

En el contrato consta que a Stone se le entregaba tres pasajes de avión en primera clase y un piso completo en un lujoso hotel con servicio de habitación gratuito y conexión inalámbrica a Internet. Aunque en ningún lugar del documento se menciona a la Chevron, se establece que Stone debía presentarse ante la prensa ecuatoriana para hablar sobre lo que había visto en las áreas contaminadas.

El contrato dice que el cuarto de Stone debía incluir “una suite de dos camas, dos baños y una habitación king”. A la actriz se le ofrecía, además, “transporte terrestre exclusivo de primera clase disponible a toda hora mientras estuviera en Ecuador”.

Si bien es cierto que el contrato estaba firmado por una empresa de relaciones públicas que, al menos en los papeles, no es parte del Estado, es presumible que el origen de ese dinero eran fondos públicos, pues el Gobierno del Ecuador le había entregado a McSquared alrededor de USD 6 millones para gestionar la campaña “La mano sucia de Chevron”.

Lo de Stone se suma a lo que se pagó a otros artistas como Danny Glover. Es verdad que estos gastos son una mínima expresión de los desbalances externos de la economía, pero hablan claro sobre la conducta de ciertos funcionarios frente a los dineros públicos. Si el amor al Ecuador es pagar impuestos, como dicen, ¿qué será gastar a manos llenas el dinero de los que aman al Ecuador?