2 de July de 2010 00:00

Sin pies ni cabeza

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María Cárdenas R.

¿Un nuevo decreto respecto a horarios para consumo y venta de alcohol?¿Para reducir la inseguridad? Controversial e impracticable. No bebo con frecuencia y menos en exceso. Prefiero mi conciencia siempre íntegra y clara. Pero, no por esto, pienso que puedan funcionar horarios que no se cumplen y domingos que permiten la venta de cerveza y vino solo en los estadios para lograr seguridad.

El Ecuador sufre de altos índices de alcoholismo, aunque quienes lo consumen se nieguen a aceptarlo. Odio el comportamiento de quienes se exceden en el consumo del alcohol. Me molesta la imagen pública que brindan. Me apena la realidad de los niños jóvenes y los jóvenes casi adultos que no entienden el daño que se hacen al consumir altos niveles de alcohol en bares y discotecas. ¿Pero, parar la inseguridad prohibiendo el consumo de alcohol por horas?

El problema está en la baja legalidad, en mil permisos que deben lograr para expender alcohol. Los ilegales escapan del control de la autoridad. Hablando claro, la corrupción es parte de toda institución que se dedica al control de los locales y cumplimiento de horarios, y sino, ¿por qué no lo han logrado? El cierre inmediato de todo local ilegal, sin posibilidad de reabrir, sería una solución. Una redada sorpresiva y dura. La obligatoria legalidad, única que debería imponerse por parte de ministerios y municipalidades.

¿Prohibir el expendio y consumo? ¿Imponer, sin estudios previos, una ley que reduciría los niveles de inseguridad sin datos que aseguren que el alcohol es el causante de la floreciente criminalidad? ¡Por favor! La ineficacia de la ley zanahoria, impuesta hace poco en el Distrito Metropolitano, basta para iniciar el ataque desde la dirección lógica: la legalidad de los locales.

Comenzar por el comienzo. Un censo que resulte en cuáles locales son legales, el resto cierran. Restaurantes, bares, discotecas, incluso tiendas de barrio, gasolineras y otros deben regirse a diferentes leyes y ordenanzas. Más de un ministerio, gobiernos locales, bomberos, gremios turísticos, todos responsables de expedir permisos. No existe un único cuerpo de control. No hay conexión entre las normas y leyes. Ordenar tanta norma existente y crear una única para locales designados turísticos, otra para tiendas y supermercados y otra para licorerías y gasolineras. Obligar a la legalidad y con mano fuerte.

Mientras no se logre la legalidad, no creamos que horarios, sin pies ni cabeza, remediarán el alcoholismo y peor la inseguridad. La sociedad, los empresarios y las autoridades deben trabajar en conjunto logrando un ambiente sano, sobre todo, para los jóvenes; mi mayor preocupación.

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