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4 de October de 2012 00:01

Para el 2017, según la nueva Ley de Educación Superior, el 70% de los docentes universitarios deben tener título de cuarto nivel, el de PhD, y el 60% permanecer a tiempo completo y con exclusividad en la universidad correspondiente. Si bien creo a pie juntillas que este Gobierno ha realizado importantes diagnósticos del estado de la cuestión en términos de la pobre calidad de la educación en el país, la forma de resolverlos resulta casi delirante. Primeramente, no se puede desconocer y eliminar los doctorados anteriores en una o dos generaciones que han actuado como tales y que hoy por hoy bajan a tercer nivel cuando muchos de estos especialistas han publicado, asistido permanentemente a congresos o participado en los debates contribuyendo al ejercicio serio en sus campos de especialización. Hace falta una comisión que dictamine discrecionalmente su posición a través de un sistema de calificaciones actualizada.

Por otra parte, la forzada titulación académica no garantiza la devolución correcta de sus conocimientos. Muchas áreas se enriquecen en el ejercicio profesional fuera de las aulas, arquitectura o las ingenierías por mencionar solo dos. El mundo académico quedaría cautivo; el profesor a tiempo completo y con exclusividad no puede aportar desde la praxis; el mundo de la academia y el de la producción quedan desvinculados al no prever mecanismos adecuados de interacción entre el uno y el otro. Me explico. La investigación en muchas ocasiones debe aplicarse, por ejemplo, a la producción de insumos nuevos para la agricultura. Tampoco se ha previsto dotar de infraestructura a la investigación articulada a las universidades y peor aún mejorar significativamente los sueldos de estos nuevos docentes investigadores tras una inversión realizada mediante el sistema de becas por la Senescyt y el secuestro de los mismos en largos tiempos de estudio y preparación de la tesis doctoral. Aquel doctor que regresa al país y pretende trabajar a tiempo completo en la universidad de hecho no podría mantener a su familia.

Mucho me temo que vamos a tener doctores y doctores. Las universidades oferentes internacionales no necesariamente son las mejores; algunas en crisis se adecúan para hacer negocio de este requisito expidiendo doctorados a diestra y siniestra.

Una forma de salvarse el pellejo frente a la crisis mundial. La lista oficial de universidades aceptadas ha dejado de lado muchas de gran calidad.

Entonces, enfrentar un doctorado como un mero requisito de acreditación y escalafón puede arrojar datos estadísticos interesantes mas con poca incidencia real en el mejoramiento de la educación de cuarto nivel.

Y finalmente, la gran inversión en la formación no necesariamente garantiza que en las condiciones actuales estos vuelvan al país a investigar y enseñar.