Walter Spurrier

Refinar como negocio

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Con motivo de la certificación que las reservas del ITT permitirían producir 300 mil barriles diarios, las autoridades reiteran que la Refinería del Pacífico (RdP) se alimentaría con petróleo nacional, tornando más atractivo al proyecto.

Una cosa es ampliar la refinería de Esmeraldas, para abastecer el mercado cautivo nacional, sin riesgo, y otra construir una refinería para el mercado externo, arriesgando como en todo negocio.

En los últimos tres meses, en comparación con los mismos meses del 2006, antes del advenimiento del gobierno actual, la venta interna de derivados aumentó 55 mil barriles diarios, a 228 mil.

Esperábamos un importante beneficio de la reingeniería de Esmeraldas, para que la producción nacional cubra más del consumo interno. Pero el aumento de la calidad y cantidad de combustibles resultó muy modesta: sólo se incrementó el petróleo procesado en 15 mil barriles diarios, de 95 mil en 2006 a 110 mil hoy.

En cambio, la inversión fue gigantesca. Se invirtió al menos USD1.200 millones, lo que da $80 mil de inversión por cada barril de incremento de la capacidad de procesamiento. Si un barril de derivados cuesta USD14 más que uno de crudo, entonces cada UD80 mil invertidos nos permiten ahorrar USD5 mil al año. El altísimo costo y modesto aumento de la producción tornaron la ampliación de Esmeraldas en pésimo negocio.

Mejor resulta importar. Con esos antecedentes del Estado como inversionista en refinación, se torna muy riesgoso que emprenda en RdP. Ya se ha invertido al menos USD1.300 millones, sin que haya nada para mostrar más allá de haber desbrozado y aplanado el terreno para su instalación, y una montaña de estudios. Alarma que se reitere que está por conseguirse créditos por USD13 mil millones para construir, sin concurso, una refinería de 300 mil barriles diarios.

Lo que se ha dicho del financiamiento, confieso, no me hace mucho sentido. Lo que entiendo es que se busca crédito chino para que una empresa coreana construya la refinería. Los países financian obras realizadas por sus propias empresas, porque a la postre, no sale el dinero, sino los bienes y servicios vendidos a crédito. La China financiaría una refinería construida por una de sus empresas, o en su defecto la empresa coreana tiene que conseguir crédito de un banco de Seúl.

No hace lógica, tampoco, hacer una inversión estatal tan elevada, que abultaría la deuda externa, cuando el gobierno dice que busca transferir Tame y la central hidroeléctrica Sopladora, entre otras empresas públicas, al sector privado. Si RdP tiene perspectivas de ser un buen negocio, que se busque una empresa extranjera que invierta a su cuenta y riesgo. El Estado ganaría por los impuestos y por tener un cliente fijo para su producción petrolera. Sin hipotecar el futuro.