Milagros Aguirre

La peste

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6 de June de 2013 00:02

Una mancha negra, pegajosa y aceitosa, bajó por las aguas del gran río, del bello Napo, dejándolo sucio y pestilente desde el viernes 31. El petróleo embadurnó las riberas primero, del río Coca. Luego, las riberas de Pompeya y de ahí, en adelante, bañando las riberas de las comunidades, hasta que ya la vieron en Pantoja, en Perú, y pronto la verán en Angoteros o Santa Clotilde. Lo está tiñendo todo de negro: los yutsos, que tocan el agua y que alegran el paisaje, se han embadurnado de petróleo.

El derrame nos dejó sin agua. Ahora, la reparten en botellas y en tanqueros. Sueldan improvisadamente un tubo para que el agua limpia pase por ahí, para mitigar en algo la tragedia, aunque el tubo parta en dos al pueblo de Coca obstaculizando las vías principales, para desespero de los moradores. La gente, impávida, preocupada por que le llegue el líquido vital a sus hogares, pero indiferente frente a la magnitud del desastre ambiental. Las autoridades locales, de lleno en la emergencia sanitaria que les compete, aunque expuestos a las continuas quejas y demandas ciudadanas por la falta de agua.

Unas alertas tardías (medio día, al menos, del chorro de petróleo) y, según la cifra oficial, 10 000 barriles (y podrían ser más). En el río, una mancha negra de un kilómetro de ancho y no se sabe cuántos kilómetros de largo, flotando aguas abajo. Sí, ahí mismo, donde nadan los niños de las comunidades, donde lavan la ropa las señoras, donde pescan y se abastecen de agua para cocer sus alimentos, en sus bebederos. La mancha ha ensuciado hasta el famoso Napo Wildlife, Añangu, lugar favorito para promocionar el tan mentado Yasuní visitado por todos los candidatos a soltar dinero para conservar el crudo en tierra y que verán, con sus propios ojos, que el crudo no está bajo tierra sino flotando en el agua.

Las notas de prensa hablan de los barriles que se vuelven a bombear, de aquello que se pudo recuperar, con más ahínco que de lo que se ha derramado y sus consecuencias. Los activistas, por algún peregrino argumento chauvinista, temen pronunciarse y reclamar a la empresa estatal por la tardía reacción, no vaya a ser que se le termine dando la razón a la defensa de Chevron-Texaco, tan empeñada en acusar a su antiguo socio, CEPE, de los daños irreparables causados por el consorcio en el juicio del siglo.

Las aguas contaminadas ya han ido a parar al Perú. Con las lluvias, pronto, desaparecerá. Como desaparecerán del recuerdo y las conciencias, los muertos de la selva, los gritos de las madres implorando clemencia y los llantos de los niños.

La selva es prodigiosa: ocultará la mancha de petróleo de la misma forma que ayudará a ocultar las muertes y venganzas consumadas desde hace dos meses. Sí. La selva es prodigiosa. Pero… como que le ha caído una peste y se ha teñido de rojo y de negro .