Andrés Vallejo

La pesca china y la nuestra

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No me refiero a la relación del Ecuador con China, incrementada en estos años a niveles que exigen un análisis detallado en destino, características y condiciones, en la que parece que los pescadores son de ida y vuelta. Obras, financiación y comercialización del petróleo, merecen una auditoría objetiva e independiente.

Me refiero ahora a la pesca en nuestros mares, que puede ser igualmente depredadora.

La magnitud de la flota pesquera china, la mayor del mundo, con 3 000 barcos en aguas internacionales frente a cien países, de los cuales 300 estarían frente a las costas del Ecuador -lo que da una idea de la enormidad de la operación - obliga a reflexionar lo que, al margen de las normas que permiten operar fuera de la zona de las 200 millas, puede producir en la población de peces y en su futuro.

La captura del barco Fu Yuang Leng 999 demuestra que no se dedican solamente a la pesca de especies permitidas. En su interior se hallaron miles de tiburones en peligro de extinción. Y en la zona, en la que también hay atún y peces espada, hay calamares gigantes y varias especies de tiburones, cuyas aletas son la atracción de los comerciantes. Es imposible que una operación de esa envergadura no cause daños irreparables. Requiere, por lo mismo, control y atención sensible y seria de autoridades ecuatorianas y chinas.

Esta situación anómala obliga a revisar normas locales que facilitan la depredación. En 2007 se emitió el decreto 486 que legalizó la pesca incidental del tiburón, su comercialización y la exportación de aletas. La pesca “incidental” es la captura involuntaria de especies bioacuáticas prohibidas cuando se están pescando especies no prohibidas. La pesca de esas especias prohibidas –tiburones- era sancionada y reprimida. El decreto 486 “legaliza” esas acciones, estimulando así la captura también en la Reserva de Galápagos. Las escasas estadísticas publicadas demuestran que solo entre enero y abril de 2011 hubo un aumento del 63% de tiburones desembarcados. Lo mismo sucedió con las exportaciones de aletas de tiburón: mientras en 2006 se exportaron 0.58 toneladas de aletas de tiburón, en 2011 fueron 204 toneladas, y todos saben que hay subvaluación de los registros. Tampoco hay control en el desembarco de tiburones jóvenes que no han alcanzado ni la edad ni el tamaño de reproducción, desequilibrando el ecosistema.

La realidad es que dentro y fuera de las 200 millas, los grandes buques reciben pesca prohibida, capturada por pescadores locales dentro de ella en grandes cantidades. Y la pesca “incidental” se comercializa legalizada, constituyéndose en un gran estímulo económico para pescadores que obtienen ingresos mayores y contribuyen así al comercio ilegal.

No es solo la depredación china. Es la acción local que impone la derogatoria del decreto 486 y compromiso real para impedirla.