Roque Morán Latorre

Perno y tuerca

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Dos componentes mecánicos que permiten el funcionamiento de un sistema para un fin determinado. Símil que nos facilita, con sencillez didáctica, comprender la maravillosa creación y los roles indelegables de hombre y mujer, macho y hembra y, en el reino vegetal, los distintos –pero complementarios- gametos, que apuntalan la sostenibilidad de las especies, el ordenamiento del planeta y de los seres vivos.

Ya que a alguien le incomoda Dios y todo lo relacionado con Él, digamos que la naturaleza creó una bien organizada y reglamentada coexistencia pero la humanidad, en el uso de su libertad, instiga al caos con faenas que, en reiteradas ocasiones, trastoca lo lógico en sofisma y lo natural en absurdo.

Es tan “hábil” la raza humana que algunas veces se sirve de lo jurídico para atentar contra natura, so pena de ser señalada como retrógrada y retardataria. Nos referimos a la resolución del Registro Civil de Ecuador, acerca de la llamada “unión de hecho”, que está contemplada desde el 15 de septiembre donde, tangencialmente y de manera camuflada, sumida en una terminología ambigua y en una juridicidad oscura, confunde matrimonio con cualquier otra cosa, contraviniendo hasta al mismísimo DRALE donde se define al matrimonio como la “unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales”. Hasta al lenguaje agravia semejante cometido.

Muy sabia la madre naturaleza que mucho antes que leyes y decretos, antes que subterfugios y leguleyos, gestó al matrimonio como una institución natural, “por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole”.

¡Cuánto se manosean los llamados “derechos” y la utilización errónea de la libertad para hacer tabla rasa de principios inalienables y de sentido común! Se afirma que la primera escuela de virtudes es la familia y que el mejor educador es el ejemplo; entonces… ¿qué estamos pretendiendo dejar a las generaciones futuras, cuando ya están siendo víctimas de una grave confusión de los roles auténticos -de padre y madre- asfixiados en un relativismo a mansalva?

“Dios perdona siempre, la naturaleza no”. Palabras del Papa Francisco en su catequesis del pasado mayo, precisamente, haciendo alusión a la grave responsabilidad que tenemos las criaturas de Dios sobre preservar la creación, donde también añadió: “Una mirada bondadosa y respetuosa, que nos advierte del peligro de creernos dueños absolutos de la creación, disponiendo de ella a nuestro antojo, sin límites”.

Perno y tuerca, hombre y mujer, macho y hembra, sin trampas, sin simulaciones ni legalistas ardides, debemos hacer funcionar bien un sistema, perfecto en su planificación, pero plagado de defectos en su ejecución.