Enrique Echeverría

El ‘perdón’

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5 de March de 2012 00:04

Finalmente, ante la preocupación no solo local sino americana y hasta mundial, el presidente, Ec. Rafael Correa, decidió remitir su querella penal contra los personeros de diario El Universo –y la Empresa misma– y los dos autores del libro ‘El Gran Hermano’. En el primer caso se hizo uso del Art. 113 del Código Penal: “Por el perdón de la parte ofendida cesa la pena al tratarse de las infracciones de adulterio e injuria calumniosa y no calumniosa grave”.

La palabra perdón tiene origen muy lejano. El doctor Joaquín Escriche, en su Diccionario de Legislación y Jurisprudencia, nos recuerda que hasta 1848 se eximía de toda pena por conspiración en los delitos de tentativa contra la vida o persona del Rey o inmediato sucesor de la Corona; en los delitos de rebelión y sedición, en el de sociedades secretas y en el de falsedades. En 1850, la posibilidad del perdón la extendieron a todos los delitos; y a partir de 1870 desapareció.

El valioso penalista de última moda en nuestro medio, doctor Eugenio Raúl Zaffaroni, recuerda que el poder de gracia en el absolutismo …“era una prerrogativa arbitraria de la que podía hacer uso el Monarca”.

No todos estuvieron de acuerdo con crear esta facultad, pero entre varios penalistas antiguos, comenzando por el Marqués de Beccaria, proseguido por los de la Escuela Clásica; así como por algunos Positivistas, el Filósofo Enmanuel Kant…“sostenía que el derecho a perdonar a los culpables correspondía al Soberano solo en los delitos que a él le agravian”; pero no podía perdonar agravios cometidos a otras personas.

Entre nosotros, ya en el Código de Enjuiciamientos de 1872 escribieron el artículo 15: “En los juicios por infracciones que no deben perseguirse de oficio, pueden desistir los acusadores si no lo contradijeren los acusados; y desde entonces terminará la causa, sin que puedan renovarla ni proseguirla otros interesados”. Para la época del General Eloy Alfaro –el Código Penal de 26 de mayo de 1906– en el artículo 39 estableció: “El perdón de la parte ofendida o la transacción con esta no extingue la acción pública contra una infracción; salvo que sea de aquellas que solo pueden perseguirse por acusación particular”.

Han pasado los tiempos y en el Código Penal actual, artículo 98 consta: “La acción penal se extingue por amnistía o por remisión de la parte ofendida en los delitos de acción privada o por prescripción”.

Es interesante concluir que el perdón, facultad de un Rey de la antigüedad, evolucionó hacia el término “remisión”, aunque uno y otro son similares; pero en países con democracia no puede haber ni asomo de que un Presidente de la República se considere Rey con facultad para perdonar, sino tan solo para “remitir”.

Al culminar este episodio, todos han perdido, incluso en cuanto a la imagen y respeto del Ecuador en el mundo internacional.