Fabián Corral

Las peras del olmo

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22 de October de 2012 00:01

Un vez más, voy a pedirle peras al olmo. Pedirles a los lectores, a los intelectuales, si aún existen, a la gente conciente, que pensemos un instante en los temas de fondo que explican lo que nos ocurre, y sobre los cuales a nadie le interesa debatir. Es que son asuntos que carecen de la espectacularidad, que es la esencia de este sistema que llamamos democracia. Son temas que no dan votos, y que implican poner sal en la herida, aludir a la hipocresía en que vivimos sumergidos, señalar lo que molesta, bajar a tierra y mirar a la historia, y a los héroes, como fueron, sin las charreteras ni los oropeles, sin las mentiras que los han convertido en personajes distantes y distintos, sin los méritos de la realidad y sin los valores de la humildad.

1.- ¿Somos país?.- ¿Es el Ecuador un sitio de encuentro, un factor de unidad, de reconocimiento; es nación este territorio que debió llamarse Quito? ¿Existe la identidad, esto es, la capacidad de sentirnos hermanos, de reconocernos, de vincularnos por las tradiciones y sobrevivir por las ilusiones; o esa identidad es tardía construcción intelectual a la moda y sin sustancia?

2.- ¿Es sociedad esta masa?.- Me pregunto, cada vez con más recurrencia e intensidad, si la multitud en que estamos sumergidos, caótica, desorganizada, prepotente, es una sociedad estructurada en torno a instituciones, vinculada por pautas, organizada sobre creencias. Me temo que eso de “sociedad” sea apenas una categoría de análisis o parte de la literatura electoral, y no una realidad.

3.- ¿Hay ética?.- Cuando un país empieza a “codificar la ética” y las oficinas públicas se dedican a dictar estatutos que enuncian principios, a escribir textos que pretenden atrapar valores, significa que semejante incursión ocurre precisamente porque no hay ética. Ella pertenece a la intimidad, al alma, está anclada en las convicciones, en el alto sentido de cada uno, en el honor; ella está hecha de valores, no de artículos que son consuelo insustancial frente a la corrupción que crece.

4.- La mediocridad nos agobia.- Somos mediocres, apostamos a lo pequeño, odiamos lo grande, desconfiamos del éxito que, para algunos, es una especie de “pecado social” que hay que combatir tirándole dardos de envidia al exitoso, expropiándole los frutos de su trabajo y articulando tesis que pretenden dar “racionalidad” a lo que es puro complejo de inferioridad.

5.- La hipocresía es un estilo, un refugio, un modo de ser.- Nos aterra la franqueza. Nos abruma la frontalidad. Es preferible vivir de soslayo, mirando a otra parte, susurrando protestas sin animarse a decirlas claro y en voz alta. Alguien dijo que esta no es América Latina, sino “América Ladina.”¿Por qué nos molesta la verdad? Me dirán: todo esto es muy negativo y hay excepciones. Precisamente por eso, ¿seremos capaces de enfrentar a estas peras del olmo que propongo?