Washington Herrera

Pensar en voz alta

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Cuando se piensa en voz alta con inusitada frecuencia, se corre el riesgo de que se caigan las palabras de la boca y ya no sea posible recogerlas. Esto en la vida cotidiana de la gente trae problemas de convivencia, pero en las cuestiones de Estado puede ser una causa de beligerancia innecesaria y de turbulencias evitables que afecten directamente a las expectativas racionales de los ciudadanos.

Cuando solo se piensa en voz alta, sin reflexión previa ni discernimiento oportuno, se comete el error de improvisar, lo que, si es habitual, puede afectar a la gobernanza porque genera inestabilidad política e incertidumbre económica que impactan negativamente en el comportamiento de una sociedad. Lo correcto y acertado es madurar las ideas y someterlas al escrutinio público para que tengan una base sólida y convincente. De lo contrario se precipitan decisiones que no son perdurables y que mas bien desprestigian a los gobernantes.
En un momento delicado como el que vivimos, cuando la crisis puede ser sistémica, no se puede incurrir en procesos atropellados, caóticos y apresurados como es el caso del proyecto sobre seguro de desempleo que se discute, porque los asambleístas también piensan en voz alta, pues quieren incluir todo lo que su instinto demagógico sugiere y así, empeorar un proyecto de suyo confuso y extemporáneo. Los legisladores, para llamarse tales, deben estar persuadidos que su labor es una de las más complejas del saber humano al aprobar normas legales que condicionan la vida de la gente, por lo que si no tienen conocimiento profundo de lo que legislan es mejor que no hagan nada.

Cuando se estudia y se analiza con visión de futuro y conciencia de la realidad presente se llega a conclusiones virtuosas como la empresa Pronaca que ha decidido no despedir trabajadores, pero si hacer lo necesario para bajar los costos en otras áreas, para vender sus productos a menor precio y mantenerse en el mercado, quizá ganando menos utilidades.

Muchos errores se hubieran evitado si, por ejemplo, el gobierno analizaba exhaustivamente un proyecto fallido como el de la Refinería del Pacífico o si sabía en lo que metía al decidir que Tame vuele a lugares sin pasajeros o incursionaba en empresas públicas sin contar con el personal idóneo para gerenciarlas, malgastando los escasos recursos de los ecuatorianos.

Sin partidos políticos sólidos sino con cascarones de movimientos que también dicen en voz alta lo poco que piensan, apenas sugieren que venga el FMI a hacer el plan de recuperación de la crisis como si solo eso fuera necesario en un país caro y sin moneda propia. Lo básico, ahora y siempre, es mejorar las capacidades humanas para aumentar la productividad en forma importante a fin de ser competitivos y vender al exterior para tener dólares que sostengan al Ecuador dolarizado. Es un camino largo que ya se ha empezado y ojalá se vea pronto sus frutos.

wherrera@elcomercio.org