Manuel Terán

Pendiendo de un hilo

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28 de March de 2012 00:02

Las idas y venidas, cada vez más frecuentes, del histriónico coronel de tierras llaneras a la isla del Caribe, ponen en evidencia que entretelones se debate, más allá del tratamiento de una enfermedad, la sobrevivencia misma de una dictadura que por más de 50 años ha sometido a la privación de las libertades más elementales al pueblo de Cuba. El experimento colectivista perpetrado a nombre de una ideología, que solo ha logrado aislar y empobrecer a los cubanos, habría terminado hace más de una década con el desplome del bloque soviético; y, la emergente Rusia, con sus arcas exhaustas, se desatendía de la ayuda que por décadas otorgó a su aliado mimado. Al útil peón en la guerra fría ya no era necesario sostenerlo, una vez que el imperio soviético resignó su vocación de potencia hegemónica luego del colapso económico que padeciera, que culminó con su fragmentación en un sinnúmero de pequeñas repúblicas. De la nada apareció otro mecenas, un militar golpista con similares delirios de grandeza que aquel que se hizo del poder total, parecido a aquellos que los pueblos de este lado del mundo combatieron para alcanzar su libertad. Su ayuda económica le ha permitido reflotar a la isla, para evitar el desplome de la dictadura.

Pero el destino parece haberles jugado una mala pasada a los mentores y a su pupilo. Una afectación de salud de imprevisibles consecuencias pone en riesgo la continuidad de la ayuda. Suficiente como para encender las alarmas y movilizar a numerosos equipos a fin de, por un lado, atenuar los efectos de la súbita dolencia y, por otro, desplazar los mecanismos de sigilo y propaganda para evitar especulaciones que pongan en evidencia la fragilidad de la escuálida economía y que los tiempos más duros del ‘período especial’ pueden estar golpeando nuevamente las puertas de los isleños, con el malestar que aquello genera.

Se necesitan el uno y el otro. El donante del dinero que le pertenece a los venezolanos para blindar su seguridad con los consejos que le proporcionan los refinados totalitarios. Los otros, simplemente para sobrevivir. Si las cosas empeoran, de forma que el coronel golpista se vea exigido de apartarse del ejercicio del poder al menos de manera directa, intentarán asegurarse el apoyo encontrando un sucesor adecuado que no detenga el flujo de la ayuda que ahora perciben.

Quizás ahora constatarán con mayor claridad su aislamiento, cuando les quedan pocos aliados regados por el mundo y, uno más que otro, con dudosas credenciales de respeto a los derechos de las personas. Probablemente nos acercamos a un escenario de profundas transformaciones, en el que en vez de observar al resto de países de América Latina adherir al modelo totalitario cubano, seamos testigos de su eclosión sea porque la ayuda económica se agote o por el necesario relevo generacional de la dirigencia con más de medio siglo al mando. Otra utopía que tiene su fin cerca.