Óscar Vela Descalzo

Patria o muerte

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No se trata de una simple disyuntiva apropiada en estos tiempos por todo populista de extrema izquierda que se precie de tal. Tampoco de una alusión directa a la frase atribuida a Fidel Castro tras la explosión del barco francés “La Coubre” en aquel discurso en el que acusó a la CIA, como tantas otras veces, entre falacias y locuciones publicitarias de su régimen, de haber provocado un atentado que nunca llegó a comprobarse.

Se trata de comprender lo que encierran estas tres palabras que así, juntas, han sido tan manoseadas, tan vulgarizadas por los políticos de show y tarima, demasiado dados a repetir lo que algún presunto iluminado les susurra al oído, lo que sus compañeros han escrito en el libreto o lo que escucharon de pasada en una conversación al más intelectual de sus colegas. Se trata de entender que esas palabras envolvieron los nacionalismos más peligrosos de los que la humanidad haya sido testigo, los que se atrincheraron política e ideológicamente en grupos terroristas como ETA en España, el ELN y las FARC en Colombia, IRA en Irlanda, entre muchos otros.

Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959), publicó hace pocos meses la que ha sido catalogada como la mejor novela del año en España, ‘Patria’ (Tusquets). En ella, este escritor de culto muestra un pedazo de lo que fueron casi cincuenta años de violencia de ETA a través de la vida abúlica pero profundamente patriótica de un pequeño pueblo situado en el País Vasco. Con personajes fascinantes, Aramburu forma un rompecabezas de historias cuyo hilo conductor es el asesinato de un importante empresario del pueblo, apodado el Txato, a manos de un comando etarra. Pero más que relatar uno de los tantos episodios sangrientos que se cometieron en esos años bajo el pretexto de la lucha por la independencia vasca, la novela desbroza la cotidianidad de un escenario en el que casi todos los habitantes del pueblo (o de la ciudad en otros casos) quedaron marcados por los actos terroristas de ETA.

De este modo, Aramburu lleva al lector, entre una historia y otra, a vivir el día a día de aquel pueblo en el que no solo se apoyaba (en secreto o a viva voz) la lucha armada independentista, sino que en la mayoría de los casos, imbuidos de ese patriotismo independentista que se les había contagiado en la sangre, justificaban y encubrían actos criminales a pretexto de aquel abominable fin ulterior. Así, el Txato, es extorsionado, amenazado y ejecutado por haberse negado a seguir pagando la “cuota” de apoyo a ETA y esto lo convierte a él y a su familia no en las víctimas, sino en los apestados del pueblo. El fanatismo nacionalista los hizo enemigos públicos y su suerte quedó sellada.

Sin embargo, pasarán los años y ETA anunciará el abandono de las armas. Llegará entonces, para casi todos, un período de paz, arrepentimiento y reconciliación. Pero para unos pocos remordidos y derrotados, fanáticos obsecuentes e irredimibles, estas palabras se mantendrán asociadas por siempre.

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