María Cárdenas R.

Partiendo del miedo

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2 de December de 2011 00:01

Parece que Santa Marianita tuvo toda la razón. Hay temblores, cae granizo, hace sol y caen rayos, pero a la larga con inundaciones y evidencias claras de que la ciudad no está preparada para hacer frente a estos fenómenos naturales, en ningún sentido, nos han destruido, solo hecho pasar un poco de miedo. ¿Por dónde vendrá la destrucción si no es por fenómenos naturales? Solo hay que recordar el dicho y asegurarnos de que nuestra protectora nos siga cuidando porque si no, sí que estamos fregados, porque el miedo, diría yo el terror, que nos tiene paralizados es gravísimo. El miedo es normal ante los fenómenos naturales porque no podemos controlarlos, nos son desconocidos, pero lo que vivimos en el país es réquete vivido, una y otra vez, lo mismo de siempre con el nombre y los colores cambiados, no es más. Usemos el miedo, que todos sentimos en un momento u otro, positivamente como lo hacen algunos, que nos sirva de combustible, de energía, de fuerza para ser creativos y proactivos.

Si nos quedamos quietos frente al miedo, la destrucción vendrá y más profunda que aquella causada por un terremoto, ya que aunque con dolor y pérdidas considerables, la vida seguirá y se podrá reconstruir. Pero rehacer un país, luego de que este ha sido separado en mil facciones, sembrado de odio, en una pobreza que nadie admite porque pocos se salvan de ella, con un pueblo hambriento de posibilidades y de cumplimientos reales de ofrecimientos ya realizados, es mucho más difícil. Entonces, ese miedo que existe nos ha confundido y debe ser cambiado, reformulado para que sea una energía renovable a diario y que nos permita enfrentar con la cara en alto las acciones que debemos tomar para hacer que Ecuador progrese, camine hacia delante, sin pesimismo. Borraremos de nuestros caminos las fuerzas destructoras y en vez de ser nuevos pobres podremos con orgullo decir que somos nuevo ricos en unión, en orgullo, un solo país.

Es el momento de instar a los políticos, aquellos que tengan los mismos principios y quieran para el país la libertad, las oportunidades y la paz, a deponer sus armas y dejar de pelearse entre ellos. Invitarlos a dejar sus propias vanidades y entiendan que no todos pueden ser presidentes o alcaldes, pero sí la fuerza detrás de alguno, hombre o mujer, ojalá jóvenes de ideas y propósitos, con el miedo convertido en pura gasolina para mover el motor de las masas y cumplir un objetivo, no permitir que sigamos paralizados y encontrarnos de nuevo con un Ecuador, que, aceptando los cambios que sí han dado resultado, para desde ahí diferenciarnos de lo anterior, formar una visión de futuro. Entonces, el dicho de Santa Mariana habrá cambiado y no habrá quien nos destruya.