4 de June de 2010 00:00

Un ‘Partido’

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Gonzalo Ruiz Álvarez

Se han pasado los últimos cuatro años denostando a los partidos políticos. Han tildado a aquellos partidos que ejercieron el poder como la “Partidocracia” y han generalizado en su esperpéntica cara de la corrupción.

Bien es verdad que algunos de los partidos del poder -aquellos que lo ejercieron alguna vez en el Ecuador- se engolosinaron con ciertas prácticas incorrectas y argollas cupulares que solamente beneficiaron a los grupúsculos con prebendas, cargos públicos y hasta favoritismos que pueden haber propiciado actos oscuros.

Pero también es cierto que una democracia sin partidos políticos no es posible. Es verdad que hay que renovar los partidos, limpiar sus estructuras, remozar sus propuestas, reinventar sus procesos internos, revalorizar su cultura política, sus escuelas doctrinarias y conectarlas con las demandas nacionales de hoy.

De cuando en cuando salta a la discusión la idea de tornar el Movimiento que hoy gobierna en un Partido con todas las letras de tal. Esa propuesta la han analizado en su momento algunos numerarios del buró y otros invitados de ocasión a dicho conciliábulo.

Pero cabe preguntarse si Alianza País, una metamorfosis de Acuerdo País en la que confluyeron decenas de pequeños movimientos y viejos militantes de la izquierda del pasado con ambientalistas y activistas sociales es hoy, tras tres largos y desgastantes años de ejercicio del poder, la misma fuerza que antes. Cabe interrogarse también si aquellos mismos ideales que los conjuntaron están tan frescos como ayer o aquel devenir de la praxis acabó convirtiendo el sueño en una pragmática acción de gobernar que choca cada vez con más fuerza contra la utopía del socialismo del sigloXXI. Los partidos políticos surgen de la sociedad en construcción y son expresión de distintas corrientes ideológicas y los caminos diferentes en la lucha por el poder.

Crear un partido desde el poder tiene peligros. Uno de ellos, la mediatización de sus proclamas idealistas al ejercicio del día a día de la práctica burocrática . Otro peligro es la ilusión de soñar en la infalibilidad de sus prédicas.

Un partido formado en torno a la figura de Rafael Correa, de indudable carisma, corre el riesgo de ser la expresión más pura del caudillismo populista que ha cautivado al Ecuador a lo largo de su historia. Basta mirar el fenómeno del velasquismo, la deriva de los populismos de CFP y sus hijos del PRE y algunas prácticas de “partidócratas” conocidos que han mimetizado el pupulismo con prácticas clientelares.

Es importante preguntarse lo que ocurrirá cuando se deban definir los temas idelógicos y luchen las facciones ideológicas de izquierda con las pragmáticas, los círculos de distintos colores. Un partido político nacido desde el poder puede ser la reproducción de una empresa electorera.

Y, ¡ojo! una sucesión no está en los planes de quien aspira a gobernar los próximos 300 años.

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