Alfredo Negrete

La flecha apunta al Parlamento

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Con los antecedentes que aporta la coyuntura se pueden ensayar hipótesis para superar- por lo menos artificialmente- la angustia económica, social y política en que se debate el país. Esas elucubraciones coinciden en la rotación del poder: continuación parcial o cambio pendular.

Primero, si continúa el régimen, tendrá que adaptarse a un escenario muy diferente al que recibió en el 2008. No habrá auge sino una debacle económica y jamás una mayoría de 100 legisladores. Es imposible repetir al mismo tiempo el método de asignación de escaños D’Hondt; la división por distritos electorales en las grandes plazas y la cuasi abstención del partido más poderoso de Guayaquil. Solo así fue posible que el poder constituido convoque a una constituyente propia y ordene una Constitución. Traje a la medida y con tela importada.

El caso de las fuerzas políticas opositoras es diferente, pero más dramático. Parten del error de que el Presidente acarreará una mayoría legislativa. Es una grave equivocación, pues los parlamentarios son elegidos en la primera vuelta donde reina la desunión producto de la fragmentación causada por celos regionales y nacionales; por el contrario, en la segunda vuelta- con los parlamentarios ya electos- la polarización del electorado solo será entre ganador y perdedor. Si se piensa que en este escenario y con esas reglas de juego, el presidente electo contará con una mayoría parlamentaria es un desatino que -por vergüenza- no debiera ser expresado en público. En la actualidad, las circunstancias son diferentes, pues el régimen tiene todos los controles del poder y aunque no cuente con una mayoría parlamentaria tendrá una base suficiente para bloquear lo que no convenga por razones de transparencia o impedir reformas liberales que destruyan la entelequia de la revolución ciudadana.

En estas condiciones, a los otros les será indispensable indagar por una salida viable y no utópica, salgo que se resignen a gobernar sin poder siguiendo el antiguo adagio: el Rey reina, pero no gobierna. Por eso, las fuerzas o grupos no gubernamentales tienen el desafío de madurar políticamente y comprender la diferencia entre un proyecto por loable que sea y un proceso que está limitado por la realidad.

En el Ecuador por razones culturales no se pueden concretar concertaciones para obtener una sólida gestión presidencial; por tanto, admitiendo esta limitación, se puede ensayar un sistema de listas únicas a nivel provincial que aseguren un marco legislativo indispensable para la transformación. Para que comprendan es necesario apelar a la pedagogía del abecedario: yo pongo la del Guayas y tú la de Pichincha. Conversemos con la gente del Azuay o Manabí y aceptemos las reglas básicas de la ortografía política. Obviamente, tal decisión colectiva debe estar precedida de un compromiso público muy concreto.