Alfredo Astorga

Parasistema

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“Preparamos para pruebas de estudiantes y docentes. Corta duración y resultados garantizados. Cupos limitados. Precios bajos”.

Anuncios como este han proliferado los últimos años. Ligados sobre todo a las pruebas para estudiantes y docentes. En un principio aparecieron casi a escondidas, luego con bajo perfil y finalmente emergieron sin vergüenza en Internet, redes sociales, prensa, listas de alumnos y profesores.

El fenómeno no es nuevo ni original. Apareció en otros países ligado sobre todo a las aplicaciones iniciales de pruebas estandarizadas para estudiantes. Se ofrecieron entonces capacitaciones trimestrales o semestrales para que los alumnos aprueben. En la práctica el ingreso a las universidades se retardó y el bachillerato se extendió. Todo, para no fallar.

El asunto no termina en las pruebas. Los servicios paralelos -alegales o ilegales- extienden sus encantos a otros campos: pago de profesores que no cubre el fisco (informática, educación física, inglés, arte), cuotas subterráneas para reparaciones o actos escolares, contribuciones en físico o especie o trabajo, clases extras para evitar aplazamientos o superarlos, cursos compensatorios, clases de verano, actividades de estimulación y recreación, refuerzos para chicos con discapacidad, útiles y uniformes y textos complementarios, etc., etc.

Estos servicios “especializados y con garantía” esconden graves problemas. Uno de ellos refiere a la ética; muchas de estas gangas se nutren de filtraciones irregulares de información. Otro alude a la calidad; como no existen controles, todo vale, las garantías y gangas pueden quedarse en el papel; siempre habrá culpables… “el guagua no da más… no puedo hacer milagros”.

Y el tercer problema tiene que ver con los costos, que suelen ser considerables… una burla olímpica al principio de gratuidad de la escuela pública. Muchas familias se sacrifican. A otras no les alcanza.

El éxito de estos servicios descansa en un chantaje seudo consentido. Frente a la urgencia de asegurar resultados, de evitar atrasos, se recurre con los dientes apretados a estos milagreros. La presión en algunos casos es inmensa; muchos chicos y docentes se juegan un pedazo significativo de la vida (ingresar a la Universidad, lograr un ascenso, evitar un despido). Hay que pagar lo que sea a quien sea y sin preguntar mucho.

Si buceamos un poco, distinguimos como causa de fondo la debilucha calidad de amplios espacios de la educación; calidad de la que se habla mucho pero se dice poco… Cuanto más agujeros de calidad presente la educación, mayores impulsos genera al lucrativo negocio paralelo. A este parasistema que se infla silenciosa e impúdicamente en nuestras narices, sin controles, sin garantías, sin escrúpulos.

Columnista invitado