Juan Cuvi

¿Paramilitares en Sarayaku?

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8 de May de 2014 00:37

El paramilitarismo es un fenómeno que surgió como respuesta ilegal de los Estados para combatir a las fuerzas insurgentes o a los grupos subversivos de izquierda. Los grupos paramilitares han proliferado en aquellos países que han experimentado conflictos armados internos de regular intensidad. Se trata de organizaciones que tienen estructura y disciplina similar a las de un ejército regular, aunque no formen parte de las Fuerzas Armadas. No obstante, en la mayoría de casos los grupos paramilitares han sido promovidos, aupados o protegidos por ciertos sectores de las propias instituciones militares formales, con el fin de cumplir las tareas sucias que no se pueden realizar de manera oficial en el combate a la insurgencia. Al estar al margen de la ley, no se someten a ninguna norma o convención; esto les permite cometer excesos de violencia que son inaceptables para la fuerza pública de un Estado democrático.

De lo que se conoce, este tipo de organizaciones siempre han estado articuladas a regímenes y sectores políticos de extrema derecha. Así ocurrió con los camisas negras de Mussolini o con los camisas pardas de Hitler. Y así ha sucedido en América Latina. Las dictaduras genocidas en Guatemala fomentaron grupos paramilitares durante 40 años. Colombia, que sin lugar a dudas es un caso paradigmático, todavía no logra resolver la descomposición social heredada del paramilitarismo.

En una reciente entrevista de TV, el Ministro del Interior calificó como paramilitar a un grupo de indígenas del pueblo Sarayaku que cumplen tareas de seguridad al interior de la comunidad. Según José Gualinga, presidente de Sarayaku, este grupo fue legalmente autorizado por el Codenpe para cumplir con esas funciones.

Las afirmaciones del Ministro son extremadamente peligrosas, porque requieren de algunos presupuestos. En primer lugar, que en esa zona del país existe un conflicto armado. En segundo lugar, que el Estado no está en capacidad de ejercer su autoridad en ese territorio, razón por la cual recurre a un grupo de ecuatorianos para que cumpla actividades ilegales en reemplazo de la Fuerza Pública. En tercer lugar, que eventualmente existirían sectores de la ultraderecha, inclusive grupos al interior de las Fuerzas Armadas, que estarían apoyando a estos paramilitares. Ninguno de estos presupuestos tiene asidero en la realidad.

Es posible que de por medio exista un profundo desconocimiento de la doctrina política o de la semántica jurídica. Ojalá. Porque equiparar un acto de oposición política, de resistencia o a lo mucho de rebeldía con una conducta paramilitar es una completa desproporción. A menos que la intención sea justificar una eventual incursión militar preventiva que vaya más allá de la captura de Jiménez, Villavicencio y Figueroa.